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NO QUIERO TU AMOR POR LÁSTIMA romance Capítulo 41

La voz de Douglas tembló un poco al final y Lilianne tragó el nudo que se le había formado en la garganta.

Solo había que ver cómo se iluminaron los ojitos de Sophie y Sienna.

Ella había echado a Douglas de la empresa y ni siquiera pensó en la despedida.

Genial. Ahora parecía la maldita villana de toda aquella historia.

—¡Mamá, pregúntale a qué hora regresa a la casa! —Sophie le tomó la mano, entusiasmada.

—¡Sí, sí! ¿O vamos a cenar al zoológico? —Sienna ya estaba haciendo planes.

—Niñas, su padre está trabajando. Hablaré con él más tarde... Vayan a dibujar en la cafetería. Termino unas cosas y nos marchamos.

Al final, no tuvo corazón para destruirles aquella burbuja rosa, pero lo haría esa noche en casa.

Sentaría a sus hijas y hablaría con las dos.

Le daría a Douglas la oportunidad de ser su padre... pero solo eso.

Las sacó de la oficina y las llevó a la pequeña sala de descanso de su planta.

Atenas las esperaba afuera y escuchó todo el parloteo sobre el nuevo padre que, según ellas, ahora viviría en la casa.

Miró a Lilianne con expresión complicada, y ella negó con la cabeza donde sus dos terremotos no la veían.

—Chicas, ya les saqué las cajas de creyones. Vayan a la mesita de la cafetería. Yo voy en un momento...

El lugar estaba justo al lado de la oficina de Lilianne.

Aun así, Atenas dejó la puerta entreabierta porque la última vez que se distrajo para ir al baño, aquellas dos candelitas se escaparon y, a saber cómo, lograron encontrar a su papá.

Vamos, que Atenas cada vez les tenía más miedo a la inteligencia de esas dos.

—Me engañaron por completo. De alguna manera reconocieron a su padre y, además, llegaron a la conclusión de que estaría aquí contigo... —le susurró a Lilianne en cuanto entró a su oficina.

—¿Será que me estoy volviendo demasiado vieja para esto?

—No, es que son tremendas... Sobre todo Sienna. Es demasiado avispada para su edad...

Lilianne se sentó sobre el escritorio y suspiró, cansada.

—¿Qué es eso de la familia feliz? ¿De verdad vas a volver con ese hombre?

—No —respondió de inmediato.

—Hoy hablaré con ellas. No voy a negarles a su padre, pero una cosa es eso y otra muy distinta la relación entre Douglas y yo.

Atenas asintió y se tragó el "te lo dije".

—Y lamento decirte que hoy no puedo quedarme con ellas. Recuerda que te pedí permiso para asistir a la boda de mi sobrina...

—Claro. Con tantas cosas, lo había olvidado, pero no pierdas más tiempo aquí. Vete, vete...

—¿Y lo de la escuela de las niñas...?

—Sí, sí. Llamaré luego a la directora y, entre otras cosas, quiero saber si ahora dejan entrar a cualquiera en su colegio...

Lilianne habló fastidiada.

Ya no tenía sentido esconderlas de Douglas.

De hecho, desde el principio, aquella había sido una guerra perdida.

Al final, Atenas se marchó a su compromiso y Lilianne abrió la puerta para vigilar a las gemelas, que jugaban con una de sus secretarias.

De repente, por alguna razón, la advertencia de Douglas resonó en su mente.

Él le había dicho que aquel coche no era suyo y podía ser cualquier cosa menos un irresponsable...

No jugaría a asustarla para conseguir que dependiera de él, ¿verdad?

—Me hizo creer que mis piernas no tenían solución solo para no llevarme a Sídney. Ese hombre es lo más manipulador que existe...

Susurró aquellas palabras con amargura mientras caminaba hacia su móvil y volvía a llamar a Lucy.

El viaje de negocios de su hermana se había alargado más de lo previsto.

Sin embargo, el móvil sonó y sonó.

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