—Pero es tu letra…
—Alguien falsificó muy bien mi letra, y si hubieses prestado atención a todos los papeles que hacía por ti en la hacienda, no te habrían engañado esos trucos baratos.
Lilianne lo vio respirar agitadamente mientras apretaba el papelito en un puño y ella sonreía con sarcasmo.
—Karla manipuló toda la situación y no sé cómo murió, pero yo…
—Murió por culpa de las mismas personas que atentaron contra mi vida en la hacienda —la interrumpió Douglas; tenía que decirle la verdad.
—Eran parte de una mafia que se aprovechaba de las deudas de las empresas, por eso no te quería a mi lado públicamente…
Ante los ojos llenos de dudas de Lilianne, Douglas la tomó con fuerza por los hombros.
—Por eso tenemos que estar unidos, porque acabé con su gente en Australia, pero descubrí que solo era un pequeño grupo. La verdadera mafia está aquí, en Estados Unidos, y ahora busca joderme a mí y a los míos.
—¿De qué estás hablando? ¿Qué mentira te inventas ahora para hacerme regresar contigo?
—¡Lilianne, no estoy jugando con eso! —le rugió Douglas—. La vigilancia que te puse fue para protegerte…
—¡Fue para saber de mi vida, no enmascares más las cosas! ¡Desde que salgo de mi casa tengo a ese maldito Ford besándome el culo todo el camino! ¡Y ya suéltame de una vez, loco australiano!
Lo empujó y Douglas de verdad se retiró, pero su expresión no fue la que ella esperaba.
—¿Un Ford? —Douglas frunció el ceño frente a ella.
—Ninguno de mis hombres anda en un Ford ni te persigue a todas partes para no ser descubierto… Ahora mismo me vas a decir de qué auto me hablas…
—Ay, por Dios, lo que me faltaba. Una conspiración con un cartel de mafiosos y todo. Ya no sabes qué inventarte.
Lilianne no le creía ni media palabra.
Con tal de arreglar las cagadas de Australia, Douglas era capaz de cualquier cosa, incluso de matar a Karla para canonizarla.
Antes de que él reaccionara y la acorralara como siempre hacía, ella se apresuró a la entrada y abrió las puertas de golpe.
Sintió los pasos apresurados de Douglas a su espalda.
Sin embargo, afuera ya esperaban tres guardias de seguridad.
—Escolten al Sr. Calder hasta la salida. —Se giró para enfrentarlo y Douglas miró a los tipos con cara de asesino en serie.
Luego, a ella.
—Te estás equivocando ahora. Estás jugando con la seguridad de las niñas y no lo voy a permitir…


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