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NO QUIERO TU AMOR POR LÁSTIMA romance Capítulo 32

Lilianne no respondió; apretó más sus labios para detener los gemidos que subían por su garganta.

Pero Douglas no necesitaba escuchar palabras. El hecho de que ella no le colgara era suficiente respuesta.

La respiración acelerada en su oído y esos sonidos húmedos llenos de seducción hicieron que se excitara como hace mucho no hacía.

—Mmmn… sí, sí… métete otro dedo en ese coñito delicioso que tienes… Sssh… mi amor, qué rico… Lily… mi Lily…

Los gemidos salían como gruñidos roncos.

Acostado en la cama de la suite, embestía las caderas hacia arriba, metiendo su polla dentro de su puño apretado y resbaloso por tanto presemen.

La camisa blanca estaba abierta a tirones, los pantalones aún atascados en los muslos y una botella de whisky rodando por la alfombra.

—Mnnn…

Un gemido se escapó desde el otro lado del teléfono y Douglas sintió que se venía.

Se apretó la base de la polla, donde las venas palpitaban con fuerza y contuvo las ganas de correrse.

La gruesa cabeza escurría un hilo viscoso y se teñía de un rojo que apetecía chupar hasta hacerla reventar.

—Tócate el clítoris más rápido… Sssh… solo te vienes así, mi amor… quiero oírte… quiero escuchar ese sonido que he extrañado como loco… córrete para mí, Lilianne… Mmn… córrete para tu hombre… hazlo…

Su voz salía como un hechizo oscuro que seducía cada parte de su feminidad.

Douglas se la imaginaba en la intimidad de su habitación, masturbándose mientras lo escuchaba, a punto de provocarle un orgasmo solo con su charla sucia.

Sus dedos se apretaron sobre la cabeza de su polla, imitando la succión de esos labios que hoy besó.

El aroma de Lilianne aún estaba en su camisa, el recuerdo de su culo contra su pene lo hizo acelerar el meneo de sus caderas.

Lo recorrió ese placer que jamás había experimentado con sus amantes de turno, durante estos años sin ella.

Nadie se parecía a Lilianne; solo ella podía llevarlo a los malditos cielos.

—¡Aaahh!… Mmnnnn…

Sintió el gemido desgarrado en su oído y el sonido brusco del móvil al caer contra el colchón, que se sacudió con los temblores de su cuerpo femenino.

Douglas la recreó en su mente.

Los espasmos deliciosos que hacía su vagina cuando se venía con su polla adentro, toda la miel que salpicaba, los ojos entornados de lujuria de Lilianne…

Su propia mano se movió arriba y abajo con una velocidad agresiva.

El aroma de su sexo parecía flotar en el aire.

—Sssh… sí, sí, joder… cariño… apriétame más… Mmn… ¡Lily!…

El cuerpo de Douglas se arqueó hacia delante, casi sentándose, con el abdomen duro y contraído mientras se llenaba de fluidos lechosos que salpicaban su piel.

Sus bolas palpitaban frenéticas en un orgasmo que le sacó todo el maldito estrés del día.

Alzó la cabeza, con los ojos cerrados y el cabello oscuro goteando sobre su frente, con todo su pecho musculoso brillando de sudor y lascivia.

Un orgasmo tan placentero y, a la vez, tan insatisfecho, porque daría lo que fuera por estar ahora mismo en esa habitación y dentro de ella.

—Mmmn… mi amor, qué rico… —sus jadeos se fundieron con los de ella a través del auricular.

—Lily…te extraño tanto… jamás he dejado de amart…

De repente, un sonido continuo e impertinente taladró su oído.

Douglas se quedó sin palabras por un segundo para luego reírse con amargura y caer de golpe contra las almohadas.

Dobló el brazo sobre sus ojos para ocultar su desilusión. Ella le había colgado.

Era obvio que le seguía gustando a Lilianne, pero ya ese “gustar” no era suficiente para hacerlo volver a su vida.

Esta vez no se solucionaría con una noche apasionante de buen sexo; ella había sobrevivido sin eso durante cinco años y sin buscarlo.

Se sentó en la cama, quitándose la camisa y limpiándose todo el semen que salpicó sobre su propio abdomen.

Arrojó la camisa al suelo, donde yacía la botella casi vacía de whisky.

Definitivamente necesitaba otra llena.

—No, ya basta de comportarte como un imbécil que solo piensa con la polla.

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