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NO QUIERO TU AMOR POR LÁSTIMA romance Capítulo 31

Lilianne bufó, arrojando el móvil a la cama, quitándose los zapatos al entrar en su hermosa habitación de tonos blancos y cálidos.

Los stilettos quedaron volcados a un lado y ella fue a bajar el zíper de su vestido negro.

Cuando cayó a la alfombra, vio en el espejo la lencería sexy que se había puesto hoy.

Estaba lista para acostarse con Oliver, pero ahora todo estaba patas arriba.

Maldiciendo a Douglas, caminó hacia el pequeño minibar al lado de su cama y sacó una botella de vino.

Sin copa ni nada, se la llevó al baño para meterse en su tina a beber y olvidar todas las sensaciones deliciosas que le habían causado sus caricias.

Pero el vino y las burbujas solo excitaron más su cuerpo, que ya no aguantaba ni un año más sin sexo.

Cuando se metió en la cama y prendió la televisión en el mueble del frente, Lily no podía concentrarse en nada más que en esa polla erecta.

Llevó los dedos a sus labios y cerró los ojos, acariciando la suave pulpa.

Ese beso fugaz le había removido todo por dentro.

Los recuerdos eran algo peligroso y los de Lilianne se mezclaban con noches de lujuria y deseo.

—No, tengo que trabajar, maldita sea…

Agarró la laptop que tenía sobre la mesita y la prendió.

Ya que la televisión no la entretenía, entonces el trabajo.

Pero apenas se puso a revisar el correo, vio el que mandó una de sus asistentes con las fotografías del último desfile.

Sin pensarlo mucho, las abrió y, entre una modelo y otra, la cámara capturó a Douglas en la primera fila.

Estaba sentado con esa seguridad que siempre proyectaba, con la mano en la barbilla, el ceño fruncido y esos ojos grises mirando al frente como si la estuviesen viendo justo a ella.

El clic se escuchó varias veces mientras la imagen hacía zoom, obviando todo alrededor y acercándolo solo a él.

Las molestas mariposas volvieron a hacer una fiesta en su vientre mientras detallaba cómo estos cinco años solo lo habían hecho más sexy, más maduro, como un vino que se añeja de la manera más exquisita.

Se recostó en las almohadas del respaldar, sintiendo su cuerpo despertar con fuerza. Lo deseaba tanto…

Sus pezones empujaban contra el suave vestidito lencero que se puso.

Con la mente llena de alcohol y lujuria, Lilianne comenzó a tocarse los senos, torciendo sus pezones y apretándose las tetas como él le hacía.

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