Esas palabras destaparon el genio de la botella.
Sin caer en detalles profundos, le confirmó que Douglas había sido el hombre por el que salió de Australia, por problemas con su matrimonio, y luego descubrió el embarazo.
Oliver sabía algunas cosas de conversaciones pasadas, pero la historia de Lilianne dicha a medias le parecía tan surrealista.
—Entonces… ¿sabías que seguías casada con él?
—No. Te juro que no, Oliver… —Lilianne le sujetó la mano por encima de la mesa y apretó sus dedos rígidos.
—Yo jamás te hubiese ocultado algo así. Pensé que estaba divorciada. Recientemente me enteré de eso…
—Se encontraron en el desfile, ¿verdad? Por eso su reacción al verte…
Lilianne asintió con la cabeza baja y Oliver frunció aún más el ceño.
El anillo en su saco se sentía tan ridículo ahora.
Siempre supo que Lilianne tenía a alguien más en su corazón; se dijo que, con paciencia y muestras de amor, lograría conquistarla.
Pero ahora que le puso cara a ese fantasma contra el que competía y, además, era el padre de Sophie y Sienna… se sintió derrotado.
La cena por la que había esperado tanto bajó por su garganta como lodo y terminó más pronto de lo planificado.
Hoy tenía pensado llevarla a un hotel, terminar de poseer a la mujer que deseaba.
Jamás había esperado tanto por nadie, pero Lilianne valía la pena.
Sin embargo, durante todo el viaje de regreso, que se hizo en un incómodo silencio, Oliver se preguntaba si no estaba perdiendo el tiempo con ella.
Cuando el coche se estacionó delante de la mansión de Lilianne, la pausa que se hizo se podía cortar con una tijera.
—Necesito tiempo —dijo de repente, atrayendo la atención de ella.
Oliver miró sus ojos color chocolate, que lo habían hechizado desde la primera vez que la vio en aquella foto.
—Entiendo que quieras romper, yo… —ella miró a su regazo.
—Nadie dijo que iba a romper contigo, Lilianne —la hizo levantar la cabeza, inclinándose hacia su lado.
—Solo necesito tragar toda esta locura y el hecho de que ahora tengo a un rival…
—No tienes ningún rival. Voy a divorciarme de él, ya empecé el proceso…
Oliver la miró de cerca, queriendo creerle lo que ni ella misma se creía.
Sí estaba enamorada de ese tipo australiano, por eso le costaba tanto abrirse al sexo, pero él aún quiso conservar una esperanza.
—No me rendiré, Lily. A menos que me rechaces directamente, seguiré avivando este amor… Solo te pido que no hagas lo que hiciste hoy. Sé que estabas en ese baño con él…
Lilianne volvió a bajar la mirada como una chiquilla regañada por el profesor.
Tan vieja que estaba para estar pasando estas vergüenzas.

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