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NO QUIERO TU AMOR POR LÁSTIMA romance Capítulo 27

—¿Qué rayos haces aquí, Douglas? —le preguntó entre dientes, mirando a su alrededor con dudas.

—¿Me estabas espiando?

—No, vine a ayudarte a decirle a ese idiota que ya tienes esposo…

Lilianne lo vio recostarse en el asiento con tranquilidad, con esa actitud de macho que sabía lo bueno que estaba.

Una vena alterada le latió en la sien.

—Márchate de aquí o no respondo. Te voy a demandar por acosador. Tú y yo ya no somos nada…

—¿Señor Calder?

La voz interrogante de Oliver acercándose, detuvo sus murmuraciones bajas.

Douglas la miró con una sonrisa fría en la esquina de la boca y Lilianne quería arrojarle ahí mismo la botella de vino por la cabeza.

—Señor Oliver, lamento llegar tarde a la reunión.

Lilianne vio a Douglas responder con todo el morro del mundo, sin levantarse siquiera por educación para saludar a Oliver.

—¿Reunión?

Oliver la observó a ella, interrogante, y Lilianne apretó el puño sobre el mantel.

—Bueno…

—¿Su socia no le comunicó que me llamó por el asunto de las pieles? Ella es muy buena siendo discreta, pero yo le puedo contar con lujo de detalles…

—Le agradezco, pero yo sé muy bien hablar por mí misma.

Lily le respondió con una sonrisa tensa y Douglas la miró fijamente, obviando el puntapié que ella le había dado bajo la mesa.

Mientras más se encendía el fuego en esos ojos color chocolate, más dura se le ponía al magnate con todo aquel desafío.

“Me vas a pagar el truquito de las niñas. Sé que hiciste algo, Lilianne”, pensó mientras pedía que agregaran otro cubierto a la mesa de dos… que se convirtió en una de tres.

—Bien… ¿Y cuál era ese asunto tan urgente? —Oliver se sentó como un cachorrito apaleado.

Si Lilianne quería darle un plantón, realmente lo había hecho de manera magistral.

El anillo dentro de su saco quemaba contra su pecho.

—Yo le voy a explicar…

—No tiene que explicar nada, señor Calder. Yo se lo digo…

Lilianne estaba que le sudaba el bigote.

Bajo la mesa buscaba el zapato de ese infeliz para darle otro buen pisotón.

Temía que soltara todo así, sin más.

Por supuesto que tenía pensado decirle a Oliver que estaba casada… O mejor no.

Tal vez lo resolvía discretamente y nadie sabría de esa mancha en su expediente.

La misma mancha que ahora la miraba con esa sonrisa arrogante, tomándose el vino de su cita.

—Es sobre la selección de algunos colores de pieles especiales. Como estás al día con las tendencias, quería ver qué me recomendabas…

Se inventó la primera tontería que se le pasó por la cabeza.

Mientras Oliver respondía con la misma incomodidad, tomó la carpeta que Douglas había arrojado sobre la mesa.

Quizás había algo importante ahí que la ayudara con su mentira.

Pero, cuando la abrió y leyó el título, casi escupió el vino blanco que acababa de tomar.

«Selección del mejor semental para monta y reproducción. Criterios a tener en cuenta: tamaño del miembro, volumen de semen por eyaculación, duración de la monta…»

—¿Esos son los datos?

—¡No! No… Es información sin importancia…

Lilianne se pegó la carpeta al pecho cuando Oliver intentó tomarla.

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