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NO QUIERO TU AMOR POR LÁSTIMA romance Capítulo 28

—¡Desvergonzado! ¡Guárdate esa cosa!

Lilianne le gritó, pero sus ojos se demoraron más de lo necesario en esa carne de primera que ya se estaba poniendo de pie.

Maldita sea, sus recuerdos no le hacían justicia al tamaño.

Se giró, lista para escapar y discutir desde una distancia segura, pero fue atrapada en un abrazo posesivo.

¡BAM!

La puerta del compartimento se cerró de golpe cuando sus pechos quedaron contra la madera y, detrás del suyo, empujaba el cuerpo más alto de Douglas.

—Suéltame, bruto… —luchó mucho más débil de lo que debería, con su frente besando la puerta.

Un aliento caliente sopló en su oído, haciendo que se le erizara todo el cuello.

—Ya olvidaste que con esta “cosa” te hice mi mujer, olvidaste cómo tomé tu virginidad justo al lado de la habitación de tu padre…

Lilianne sintió su mano aferrada a su cuello mientras la mantenía contra la madera.

Los dedos ejercían una sutil presión llena de dominación.

Su respiración se apresuraba mientras la de Douglas se hacía más pesada.

El pecho fuerte del hombre que siempre había deseado apretaba cada centímetro de su espalda y esa “cosa” dura ya empujaba contra sus nalgas.

—Olvidaste cómo gemías desesperada y me la pedías cuando te hacía el amor. Dime, Lilianne, ¿lo has hecho con tu noviecito? ¿Te vienes con él como lo hacías conmigo?

—Ya basta, Douglas, déjame ir o gritaré…

—Grita, grita para que él venga y te encuentre en este baño conmigo —se apretó aún más contra ella.

Lilianne sentía su boca casi gruñendo como un salvaje en su oído.

—Que se entere de la verdad que le ocultas… ¿Crees que no me doy cuenta de que lo estás usando? No te vuelve loca, no lo deseas como me deseas a mí, no me has olvidado como yo jamás te olvidé…

—Te deseaba… maldito engreído… —Lilianne se retorció, sacando sus propias garras.

Giró la cabeza de lado, jadeando con fuerza.

Su cabello era un desastre, pegado a su piel donde bajaban las gotas de sudor.

Sus ojos llenos de furia y de un deseo escondido se encontraron con los indomables de Douglas.

Sus narices acariciándose, sus alientos entrelazados y esas chispas que estaban a punto de saltar por los aires.

—Claro que le contaré, no soy una mentirosa como tú, no voy a jugar con mi pareja… mi pareja —repitió entre dientes—, porque tú ya no eres nada para mí, solo una equivocación en mi vida…

Cada palabra hería a Douglas como una maldita daga, pero sabía que ella solo lo decía por enojo.

Una sonrisa amarga apareció en sus labios.

—¿Que no eres una mentirosa? Entonces dime la verdad, Lily… ¿esas niñas no son mías?

El corazón de Lilianne dio un vuelco ante el cambio de preguntas, mientras su mente corría a toda prisa.

—Dime. La. Maldita. Verdad…

Douglas se inclinó hasta que su boca tocó la jadeante de Lilianne.

Su brazo se apretó más en su estrecha cintura, pegando sus curvas a sus duros músculos.

El vestido negro sexy subía con indecencia por los muslos femeninos mientras la rodilla del magnate se colaba entre sus piernas, estimulando el calor de ese coño que moría por reclamar.

Maldita sea, ardía en ganas de besarla y meterle la lengua hasta lo más profundo, y Douglas no era un hombre con mucha paciencia.

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