No era un restaurante de alta gama.
Parecía más bien ese sitio íntimo al que ibas porque no querías llamar mucho la atención.
Douglas la vio bajarse ayudada por el tal Oliver y, Dios… estaba hermosa.
Llevaba un vestido sexy que se le subía por los muslos.
El escote era discreto, pero sus pechos habían crecido más allá de sus recuerdos.
La espalda quedaba despejada y el cabello le caía de esa forma sensual que provocaba tomarlo en un puño para dominarla mientras se la mamaba…
—¿Qué rayos estoy pensando…?
Resopló entre molesto y excitado, pero la rabia superó los deseos que Lilianne hacía arder en su cuerpo.
Porque ella se vistió así obviamente para levantar una polla, pero no era la de él.
Por supuesto que estaban en una cita y se sentaron justo en el segundo piso, al lado del enorme ventanal de cristal.
Como un masoquista, amparado en la oscuridad, Douglas la vio sonreír y coquetear con otro hombre.
Apretó el volante hasta que sintió los dedos entumecidos.
Recordó cada gesto de amor de Lily, cada mirada de esos ojos chocolates que solo lo reflejaba a él.
Él había sido su mundo entero y, a cambio, la dejaba durante meses completos sola en la hacienda.
Apenas la disfrutaba unos días.
Siempre se decía que habría un después, que lo hacía para protegerla, que, cuando todo fuese perfecto, pasaría su futuro con ella.
Lo mismo cuando eran jóvenes: sabiendo que se gustaban, no apresuró las cosas.
¿Para qué?, si Lilianne siempre estaba ahí, a su lado.
Era la constante que nunca cambiaría en su vida.
Aprender a manejar la hacienda, salir con sus amigos, disfrutar de las montas y de las madrugadas de cacería con los peones…
Todo era más importante que hacerlo oficial con la chica que le gustaba.
Una sonrisa llena de impotencia y algo de tristeza apareció en la esquina de sus fríos labios.
—Me lo advertiste, me diste tantas señales, pero fui un idiota arrogante que no lo supo ver, Lily…
Murmuró, pellizcándose el puente de la nariz con frustración.
¿Qué carajos estaba haciendo exactamente después de cinco años?
Irrumpiendo en su vida, haciéndola sentirse insegura por la custodia de sus hijas, trayendo un pasado que obviamente no quería e, incluso, metiéndola en sus problemas.
Douglas bajó la mirada y un atisbo de conciencia apareció en él.
Un destello que solo le duró hasta el momento en que descubrió las intenciones de Oliver.
Porque lo vio levantarse de su mesa y caminar hacia un mesero cercano.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: NO QUIERO TU AMOR POR LÁSTIMA