Conmoción, arrepentimiento, culpa... Al escuchar la última frase, se rio con amargura.
—¿Cómo crees? Por más que yo fuera así, tampoco...
—¡Claro que sí! —lo interrumpió—. ¿Te acuerdas de la escena clásica de "Titanic"? El protagonista sostiene a la chica desde atrás, parados en la proa, como si volaran. Si fuéramos tú y yo, yo ya estaría en el fondo del mar.
—Olivia... yo no...
—¡Cállate! No quiero escuchar más estupideces. Lo nuestro ya quedó atrás, así que hazme el favor de largarte bien lejos.
Adrián agachó la cabeza. Pasó un buen rato antes de que la levantara, y le dedicó una sonrisa.
—Está bien. Me retiro, ¿te quedas aquí sola?
Olivia no le contestó; solo se dio la vuelta.
Pasó al menos un minuto y no se escuchó nada.
Volteó a mirar: él seguía exactamente en el mismo lugar.
—¿No que te ibas? ¿Qué esperas?
—Está bien, ya me voy. —Empezó a moverse, pero le dijo—: Olivia, camina un poco, estira el cuerpo para que se te baje la borrachera. Si te mueves, vas a dejar de tener frío.
Dicho eso, se fue trotando hacia el otro extremo del barco. La embarcación navegaba bastante estable, así que corría con paso firme.
No iba a salir corriendo detrás de él; no estaba loca.

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