A veces los reencuentros entre personas son algo muy extraño.
La pastelería de Adrián llevaba quién sabe cuánto tiempo ahí, y Olivia no lo había visto; pero desde aquella vez, empezó a encontrárselo de vez en cuando. A veces lo veía con Anna comprando en el supermercado, otras veces lo miraba salir a entregar pasteles.
Él apenas la saludaba con un gesto distante cuando llegaban a cruzarse; a veces, ni siquiera la miraba.
Lo había logrado. Había cumplido lo que ella le pidió:
si se encontraban de nuevo, se tratarían como desconocidos que se cruzan en la calle.
Hasta su forma de vestir cambió mucho. Antes siempre usaba traje formal, impecable, sin un solo cabello fuera de su lugar. Aquel traje y el cabello rígidamente fijado funcionaban como una coraza. Lo hacían destacar entre la multitud con un aire distante y superior, acentuando la agudeza de su mirada.
Ahora se había quitado esa armadura. Empezó a usar camisetas blancas sencillas, y cuando llovía o refrescaba se ponía un cárdigan delgado de lana;
aunque se abrochara hasta el último botón, no impedía que todo en él se sintiera más cordial. Sobre todo, dejaba que el cabello corto le cayera suelto sobre la frente, y con eso hasta su mirada se volvió
dócil.
Era difícil vincular a ese hombre de gentileza casi irreal y aroma a lirios con el implacable señor Vargas que solía dominar los pasillos corporativos de Altabrisa.
Ese día, su compañía de danza presentó por primera vez en el auditorio de la universidad uno de los de su espectáculo "El libro de las criaturas": "
El canto del ciervo". Olivia hizo la coreografía, Julián bailó el papel principal masculino, y ella interpretó un papel secundario muy discreto.
La función fue un éxito y recibieron incontables ramos de flores.
Al momento de los saludos finales, Olivia vio a varias caras conocidas entre el público. Había ido personal del Centro Herbal San Rafael, además de pacientes que conoció en la clínica, vecinos del barrio, y también Adrián y Anna.
Al terminar la función, el personal de la clínica y los pacientes se acercaron a aplaudir y felicitar a Olivia y a Julián, mientras que Adrián y Anna se levantaron junto con el resto del público y salieron del auditorio.

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