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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 478

—Tu novio es increíble —elogió Olivia—. ¿Todo lo que venden aquí lo hacen ustedes?

Era un gran detalle que hubiera decorado toda la tienda como un cuento de hadas solo por darle el gusto a su novia.

—Sí, él prepara casi todo. Yo no sé mucho de repostería, solo me encargo de vender. —La chica sonrió con dulzura.

—¡Qué talento! —Olivia estaba asombrada—. ¡Pero si varios de estos postres son del extranjero! ¿Tu novio sabe de repostería internacional?

La chica asintió con una sonrisa.

—Sí, él es de fuera.

—¡En serio! Qué bien —respondió Olivia. Fue un comentario al vuelo, pero con esa calidez inmediata que surge al descubrir que no eres la única persona lejos de casa.

Compró una bolsa enorme de su repostería. Julián la cargó, se despidieron de la chica de La Casita de Galletas y se fueron.

En cuanto se marcharon, alguien salió del área de preparación de la trastienda. Se quedó mirando la puerta que aún se mecía y las campanillas que tintineaban, y por un largo rato no dijo nada.

*** Ya en el auto, Julián la observaba de reojo, sobre todo en los semáforos en rojo; los celos le brotaban por los poros.

Olivia siempre terminaba riéndose con esas reacciones.

—¿Y ahora qué te pasa?

—¿Su novio es increíble? —suspiró Julián—. ¿Y el tuyo no?

¿Hasta de eso se ponía celoso?

—Julián, la humildad es una virtud de nuestra gente. ?

Podrías ser un poco más humilde?

—No—dijo Julián—. Mi mayor cualidad es el orgullo.

Mira lo que voy a hacer.

Olivia pensó: "¿Qué va a hacer este tipo ahora?"

Julián bajó la ventanilla y saludó al azar al auto de al lado, detenido en el semáforo.

El conductor del otro auto respondió con un animado"

¡hey!"

Julián, con una cara sonriente, le presentóa Olivia.

—Esta es mi novia. Es la chica más guapa del mundo.

¡Olivia quería matarlo!

El conductor fue muy amable: no solo elogió a Olivia como si fuera un hada bajada del cielo, sino que de paso también felicitó a Julián.

El semáforo cambió a verde y ambos conductores se despidieron alegremente.

En el siguiente semáforo en rojo, Julián volvió a bajar la ventanilla, listo para repetir la hazaña.

—¡Ya basta! —Olivia estaba roja hasta las orejas—. ¡A ti no te da pena, pero a mí sí!

Julián no le dio importancia.

—¿Cómo me va a dar pena? Mi novia es así de bella, i es para presumirla!

—En serio que tú... —Olivia por fin se rio—. ¡No tienes remedio!

—¿Quién es mejor, yo o el novio de otra?

—¡Tú, tú, tú! ¿Ya contento? —Olivia no sabía si reír o Ilorar.

—¿Entonces? —Julián se señaló la mejilla.

—¡Cuando lleguemos! ¡Está en verde! —Olivia no pudo contenerse y le dio un pellizco con fuerza en el brazo.

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