El celular sobre la alfombra parpadeó.
Tenía un mensaje. Lo tomó y vio que era de Julián, el vecino.
"¡Sal a ver el muñeco de nieve!"
¿Muñeco de nieve?
Se puso el abrigo y abrió la puerta. El viento frío se coló; en apenas una tarde, la nieve ya cubría medio palmo afuera.
En el jardín de Julián había un muñeco de nieve bastante feo. Julián estaba parado a su lado, agitando la mano con entusiasmo, con una amplia sonrisa.
Olivia se acercó y descubrió que el muñeco tenía una rosa en la boca.
—Se llama Copito —dijo Julián.
—Ese nombre es bastante cliché, ¿no? —Olivia rio.
—¡Pero su actitud no es nada convencional! —Julián sacó un ramo de rosas de detrás del muñeco—.
Copito dice: "Te regalo estas flores para desearte felices vacaciones".
Olivia lo miró con una sonrisa, sin decir nada.
Julián fue enrojeciendo poco a poco, y las manos con las que sostenía el ramo perdieron algo de seguridad.
Sin darse cuenta, ya llevaba casi medio año fuera del país. En ese medio año, las intenciones de Julián...
Ella no era una niña de quince años, ¿cómo no iba a entender? Sorpresas como esta se las daba cada tanto.
Tenía que admitirlo: le resultaban divertidas, y esos gestos inesperados la hacían sonreír. Pero meterse en otra relación era algo para lo que todavía no se sentía lista.
—Gracias. —Aceptó las flores—. ¿Cuándo se van tu hermana y tú?
Sabía que, con las vacaciones, los dos iban a volver a su país, y quería invitarlos a cenar antes de que se fueran.
—Fiorella tomó el vuelo de esta mañana; en unas horas ya debería estar en casa —respondió Julián.
—¿Qué?—Olivia no se esperaba que él la hubiera dejado viajar sola—. Eres muy...
Julián fingió estar dolido.

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