Tal como Adrián había dicho, ibaa mudarse.
Así que, una vez resueltos los pendientes del día, aprovechó la mañana y el mediodía para contactar una empresa de mudanzas y vaciar el departamento que había compartido con Olivia durante su matrimonio. En la casa había bastantes cosas de valor: electrodomésticos, adornos decorativos, utensilios de cocina... todo había costado una buena cantidad en su momento. Cuando los de la mudanza le preguntaron, dijo que no quería nada de eso.
Se quedó de pie en medio de la casa; a donde mirara, solo veía rastros de la vida de Olivia.
Esa persona que había vivido con él cinco años, que se había entretejido en cada detalle de su vida durante cinco años, que se había volcado entera en él.
—Esta habitación la recojo yo —dijo apesadumbrado—.
Ustedes encárguense del resto.
Adrián se puso a recoger las cosas de la habitación por su cuenta, mientras los de la mudanza se quedaron a un lado sin saber qué hacer, completamente desconcertados. Cuando se dio cuenta de lo que hacía, hasta a él le pareció extraño.
—¿Ya terminaron de empacar lo demás?
—No es que... —Los de la mudanza no sabían cómo decírselo—. Usted dijo que todo eso no lo quería.
Adrián se quedó en blanco un buen rato antes de responder:
—Entonces espérenme un momento. Cuando termine, aprovechen para ir a comer algo por ahí, corre por mi cuenta.
Los de la mudanza no sabían ni qué pensar. Sentían la tentación de recordarlea este señor que su empresa incluía el servicio completo de empaque y organización. Pero era la primera vez que les tocaba un trabajo así: un cliente empacando sin parar mientras les pedía que se fueran a comer algo.
Adrián guardó todas las pertenencias de Olivia, desde las más grandes hasta las más pequeñas.
En realidad, Olivia ya había hecho una limpieza antes:

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