Cuando entró, los vio a todos entre música y risas, empujando alegremente un pastel hacia ella.
Olivia rio.
—Pensé que iban a cantar "Las Mañanitas".
—Tampoco es que no podamos. —Santiago bajó las escaleras con Mercedes del brazo.
Mercedes lucía un poco más repuesta que días atrás, pero lo que había sufrido era demasiado; no era algo que se recuperara de la noche a la mañana. Aun así, por muy débil que estuviera, la mirada con la que veía a Olivia era de pura ternura.
Fue una noche maravillosa. Apenas una cena familiar, pero mucho más cálida que cualquier banquete de negocios.
Santiago le había preparado un festín. Después de cenar, Olivia se sentó junto a Mercedes en el sofá de la sala, rodeada por sus amigos.
Conversaron de todo. Aunque sus cuatro amigos no se conocían entre sí, enseguida entraron en confianza. Mercedes estaba ahí al lado, pero lejos de incomodar, le encantaba escucharlos hablar, y a nadie le parecía raro tenerla cerca; la charla fluía con una naturalidad envidiable.
Julián y Valentina contaron anécdotas de la gira por Europa. Como Daniela y Olivia eran las únicas que habían sido compañeras en la preparatoria, Daniela se puso a contar historias de Olivia en aquella época.
Julián estaba sorprendido: ¿así era la señorita Cisne antes?
De pronto la conversación giró hacia la moda, y ahí
Vianney estaba como pez en el agua; la cosa se puso buenísima.
Santiago se encargó de la logística: iba y venía llevándoles bocadillos.
¡Qué bien se sentían los días así! ¿No era mil veces mejor que quedarse en casa esperando a que un hombre se dignara a volver?
*** Cuando llegó la hora de irse, todos se quedaron con ganas de más, pero ya era demasiado tarde y no podían seguir quitándole el sueño a Mercedes.
Santiago mandó autos para llevarlos a cada uno a su casa.
Julián, sin embargo, frenó sus pasos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)