Beto creyó que Renata se había llevado al niño para acompañar a su madre enferma de vuelta al pueblo, así que no le dio importancia. Se cambió de ropa y se fue a la empresa.
Cuando llegó, encontró a Adrián de pie junto a la recepción.
—Adri, ¿qué haces aquí? —¿El jefe en persona se había puesto a recibir a la gente?—. ¿La junta de hoy es muy importante?
—Sube primero —dijo Adrián, que en ese momento vio a Olivia bajarse de un auto.
Se apresuró a ir a su encuentro. Beto volteó a ver y, efectivamente, estaba ahí para recibir a alguien...
Olivia también se sorprendió al ver a Adrián.
—¿Qué hizo que el señor Vargas viniera por mí en persona?
Adrián se incomodó.
—Olivia...
Ella apenas sonrió.
—¿Tienes miedo de que a medio camino alguien intente quemarme viva otra vez?
Adrián no supo dónde meterse. Olivia no volvió a mirarlo y se dirigió a la empresa.
En la recepción ya habían cambiado al personal; Olivia tampoco conocía a la nueva recepcionista.
—Buenos días...
La recepcionista apenas había dicho dos palabras cuando Adrián la alcanzó desde atrás.
—Viene conmigo.
La recepcionista no preguntó nada más y, con mucha cortesía, les abrió el ascensor.
Olivia no terminaba de entenderlo. Durante los cinco años anteriores, Adrián vivía tan ocupado, siempre de un lado para otro; ni hablar de bajar a recibirla, a veces ni siquiera podía contestarle un mensaje. En ese entonces, ella llegó a preguntarse si los mensajes que le mandaba eran demasiado aburridos, demasiado insignificantes, si lo estaba interrumpiendo en su trabajo.
Pero cuando Paulina regresó, ya no era solo cuestión de mensajes: él en persona, siempre que Paulina lo necesitara, era capaz de dejar todo y correr a su lado.
Así que no era que estuviera tan ocupado. Solo que no le importaba.
¿Cuánto se tardaba en contestar un mensaje? ¿Un segundo? ¿Dos?
Era como ella con su abuela. Si su abuela le mandaba un mensaje, por más ocupada que estuviera, le respondería o le devolvería la llamada, sin importar qué.
En el ascensor, Olivia no dijo nada. Adrián, en cambio, intentó hablar varias veces, pero cada vez ella sacaba el celular y se ponía a revisarlo, lo que le impedía continuar.

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