Colocó las partes sueltas del lienzo bajo una luz intensa y tomó fotos con la cámara de su celular. Las fotos registraban la hora, la fecha y el estado exacto de la pintura.
Esa tal Renata no parecía traer buenas intenciones. Para evitar toparse con otra «Valeria», tenía que ser muy cautelosa.
Cuando Fiona terminó de revisar todo, ya eran las seis y media de la tarde, hora de cerrar. Emilio, al ver que la luz del taller seguía encendida, entró y le dijo:
—Fiona, ya va a oscurecer, vete a casa. Restaurar esa pintura no es cosa de un día o dos.
—Emilio, ven un momento y ayúdame a checar esto. Dime si ves algo raro.
Fiona le hizo señas. Emilio se acercó y examinó la obra con cuidado, notando que el montaje estaba flojo.
—Fiona, el soporte está dañado, ¿qué vas a restaurar así?
—Fíjate bien, ¿cómo se dañó el soporte?
Fiona le pasó una lupa para que pudiera ver los detalles con mayor claridad. Emilio tomó la lupa y descubrió huellas dactilares en el material. Además, la obra no parecía una pieza auténtica de un maestro; por el contrario, todo en ella gritaba que era una falsificación barata. Las pinturas antiguas reales no huelen así. Esta tenía un olor químico muy fuerte; se notaba a leguas que no era original.
—Fiona, esto... ¿es en serio? —dijo Emilio con una mirada de desconcierto—. ¿Qué pretende esa mujer?
Traer una falsificación ya era malo, pero dañarla a propósito era absurdo.
Fiona miró la pintura y dijo con calma:
—Tiene otras intenciones.
No venía por el arte. Estaba claro que lo hacía a propósito. Esa Renata no parecía ser una perita en dulce. Aunque cuál era su objetivo real, todavía no lo sabía.
***
Por la noche.
—¿Cuántos años tiene?
—Veintipocos, apenas edad universitaria.
¿Veintipocos? Era más joven que ella. Con razón esa actitud tan altiva; a esa edad las chicas viven en las nubes.
—¿Y se piensa quedar aquí esta noche? —La mirada de Fiona hacia Samuel se enfrió gradualmente—. Samu, ¿no eras tú el que detestaba que las visitas se quedaran a dormir?
Samuel se quedó atónito ante el comentario y soltó de inmediato:
—No tengo ninguna intención de que se quede. Cena y se va.
—¿Quién dijo que me voy? —intervino Renata al instante, molesta—. Samuel, hace tanto que no nos vemos, tengo muchísimas cosas que platicarte. Déjame quedarme...

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