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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 981

Esteban no tenía tiempo, y aparte de la niñera y el chofer, ¿quién más se ocupaba de Pedro?

¿Esperar algo de Gisela?

Cualquiera sabía que no se podía contar con ella.

Fiona sacó su celular de inmediato y llamó a la casa de los Flores, pero fue Gisela quien contestó.

—Fiona, ¿tienes el descaro de llamar?

En cuanto Gisela vio el número de Fiona, alzó la voz.

Claramente estaba muy inconforme con ella.

—Gisela, ya no eres mi suegra, así que te pido que me hables con respeto.

Fiona sintió un asco instintivo al escuchar la voz de esa mujer.

—Tu nieto Pedro está conmigo. ¿Tú le pediste a Valeria que viniera a recogerlo?

Gisela la odiaba desde hacía tiempo, así que podía esperarse cualquier cosa de ella.

Pero, ¿cómo se habían involucrado Valeria y Gisela?

Eran dos personas que no tenían nada que ver.

—Sí, así es. Mándame al niño de regreso ahora mismo.

Al escuchar el nombre de Valeria, la voz de Gisela titubeó por un instante, pero lo disimuló rápidamente.

—¡Si le pasa algo a Pedro, me las pagarás!

Al colgar el teléfono, Fiona estuvo a punto de soltar una maldición.

¡Qué clase de gente!

Pedro era su nieto, pero en lugar de venir a recogerlo ella misma, le echaba la responsabilidad a Fiona.

Fiona se tragó el coraje y, antes de entregar a Pedro a Valeria, le habló con seriedad:

—Pedro, tu abuela le pidió a la señorita Domínguez que viniera por ti. Vete tranquilo con ella.

Pedro aferró el vestido de su madre, sintiéndose inseguro.

Valeria sentía que se le ponía la piel de gallina al verlos.

—Te mueres por quedarte pegada a Samuel y a tu hijo lo ignoras siempre que puedes. ¿Qué es esta actuación de madre e hijo amorosos?

—No hables así de mi mamá.

Dicho esto, Pedro empujó a Valeria.

Valeria llevaba tacones altos, y con el empujón de Pedro, se tambaleó y, al perder el equilibrio, cayó al suelo.

—¡Pedro! —Valeria, viéndose en una situación humillante, lo regañó furiosa—: ¡Fiona ya no te quiere! ¿Y todavía la defiendes? ¿Eres tonto o qué?

«Ya no te quiere».

Esas palabras resonaron en la mente de Pedro como una campana de alarma, una y otra vez.

Le lastimaron el corazón, y sus ojos se enrojecieron al instante.

Al ver cómo trataba a Pedro, Fiona estalló:

—¡Valeria! ¿Quién te dio permiso de venir aquí a sembrar discordia? No olvides que solo vienes a recoger a Pedro, no eres su tutora. ¿Qué derecho tienes de tratarlo así?

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