Samuel soltó una risa fría.
—Si la denuncia de Fiona tenía pruebas, entonces tú misma te buscaste tu destino. ¿Qué derecho tienes de venir a exigirle dinero a Fiona?
Nunca había visto a una mujer tan descarada.
Aunque acababa de llegar, ya había escuchado lo suficiente para entender la situación.
Según lo que dijo Fiona, esta mujer no tenía remedio y ahora solo estaba pagando las consecuencias de sus actos.
No era culpa de Fiona.
—Ustedes dos son tal para cual, hasta hablan igual.
Al escuchar que él la defendía, el odio en los ojos de Nahomi se intensificó.
—¡Si no me pagan dos millones de pesos por daños psicológicos hoy mismo, no van a salir de esta clínica!
A estas alturas, la rabia ya la había cegado.
Lo que empezó como una negociación forzada se había convertido en una amenaza descarada.
A ella le habían extendido la condena, mientras que Fiona, la culpable de todo, tenía un prometido que la adoraba.
Su dinero había sido confiscado, mientras Fiona tenía una clínica enorme y cada vez más poder.
¿Cómo iba a resignarse?
Fiona, recargada en el pecho de Samuel, jadeaba tratando de recuperar el aliento. Poco a poco, su respiración se fue normalizando.
Levantó la vista y miró fijamente el rostro enrojecido de Nahomi.
—Nahomi, con esta extorsión, ¿no tienes miedo de regresar a ese lugar?
Su voz era tranquila, pero la advertencia era clara.
La clínica era un lugar para atender pacientes, no para que Nahomi viniera a hacer sus berrinches.
Justo cuando quería contraatacar, se escuchó un alboroto en la entrada.
Nahomi volteó y vio a un grupo de policías uniformados entrando a toda prisa.
En ese momento, el rostro de Nahomi palideció. Intentó escapar por instinto.
Pero la policía ya estaba ahí y la esposaron de inmediato.
—¡Quieta!
Nahomi comprendió entonces que había caído en una trampa. Mientras la arrastraban, le gritó a Fiona con rabia:
—¡Fiona, más te vale rezar para que tu hombre te proteja siempre, porque si no, te juro que no te dejaré en paz ni muerta!
Sus gritos se fueron apagando conforme la subían a la patrulla.
Con la alborotadora fuera de escena, los curiosos se dispersaron y la clínica quedó en silencio, dejándolos solos a los dos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera