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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 942

En ese momento, las miradas de todos los presentes estaban clavadas en Samuel.

Fiona también lo observaba fijamente a través de la pantalla.

La cámara hizo un primer plano de su rostro, sin apartarse ni un segundo.

Sentada a su lado, Valeria, con una leve expresión de esperanza, también miraba al hombre en silencio.

Al ver esto, Fiona apretó inconscientemente la mano que tenía sobre la pierna.

Incluso la mano con la que sostenía el tenedor de la fruta se tensó cada vez más.

Antes de que Samuel pudiera decir una palabra, Valeria se le adelantó:

—Samu y yo, de hecho, nos comprometimos...

No pudo ni terminar la frase porque el hombre a su lado la interrumpió de tajo:

—Es cierto que estoy comprometido, pero mi prometida no es la señorita Valeria.

La voz del hombre fue clara y concisa, sin un ápice de duda.

En cuanto esas palabras cayeron, la sonrisa en el rostro de Valeria se desmoronó, y sus ojos se llenaron de una rigidez absoluta.

El ambiente en el estudio se desplomó hasta el suelo.

Todos centraron su atención en Samuel y Valeria.

—Samu, ¿qué tonterías estás diciendo? Si yo no soy tu prometida, entonces ¿quién es?

Valeria tuvo el descaro de decir aquello, aunque su rostro reflejaba pura ansiedad.

El hombre levantó la mano de inmediato, mostrando el dorso hacia la cámara.

Su tono de voz sonaba despreocupado:

—Este es el anillo que me dio mi prometida. ¿La señorita Domínguez tiene uno igual?

Tan pronto como terminó de hablar, todas las miradas se dirigieron a la mano de Valeria.

Su mano estaba vacía, sin nada.

Ese pequeño detalle lo decía todo.

El rostro de Samuel se oscureció al instante, y luego bajó la mano.

Levantó la vista y miró directamente hacia la cámara.

Y recuperó la fe en el amor.

Él estaba demostrándolo con acciones, y por eso ella sentía tanta seguridad en su corazón.

El noticiero terminó a su hora. Fiona apagó la televisión, sintiéndose inexplicablemente de buen humor.

Mientras tanto, en la televisora.

Samuel caminaba con paso tranquilo hacia la salida principal.

De repente, escuchó una voz suave a sus espaldas:

—Samu...

El hombre escuchó el ruido y se giró instintivamente.

La persona que caminaba hacia él no era otra que Valeria.

Valeria se detuvo frente a él, esbozando una leve sonrisa:

—Te urgía tanto deslindarte de mí hace un momento... Al parecer, de verdad planeas casarte con Fiona, ¿no es así?

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