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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 914

El rostro de Samuel lucía inusualmente sombrío. Caminó a paso lento y se dejó caer en el sofá de enfrente, clavando la mirada fijamente en Valeria.

Había ido exclusivamente a buscarla a ella; no tenía la menor intención de discutir con nadie más.

Fue directo al grano: —Señorita Domínguez, tengo un par de cosas que hablar a solas con usted. Le agradecería que saliéramos un momento.

Valeria sintió de inmediato el peso de aquella mirada furiosa. Su expresión se oscureció y desvió los ojos, evitando a toda costa hacer contacto visual con él.

Andrés, sentado a su lado, notó al instante que algo andaba mal.

Su mirada iba de uno a otro. Al ver que Valeria no tenía la menor intención de levantarse, y sumado a la hostilidad con la que Samuel la miraba, Andrés comenzó a sospechar que había rencillas ocultas entre ellos.

Como Valeria no decía nada, fue Andrés quien rompió el silencio incómodo: —Señor Flores, parece que mi Valeria no tiene muchas ganas de irse contigo. ¿Por qué no dejas de presionar donde no te llaman?

Los ojos de Samuel destilaban hielo. Respondió sin rodeos: —Si no quiere salir, entonces lo hablamos aquí mismo.

El semblante del hombre se volvió aún más tenebroso, y la tensión en el ambiente se sentía pesada, casi asfixiante.

Valeria sabía perfectamente lo que él quería decir, y conocía de sobra el carácter de Samuel: si no hacía lo que él quería, no la dejaría en paz hoy.

Tras pensarlo unos segundos, asintió: —¿De qué quieres hablar? Dilo de una vez…

—Solo quiero preguntarte: ¿por qué golpeaste a mi gente?

Al escuchar esto, el pánico se dibujó en el rostro de Valeria.

Al parecer, lo inevitable había llegado. No importaba cuánto intentara esconderse, la deuda siempre se cobra.

Esa frase cayó como una bomba, volviendo la atmósfera del privado insoportablemente tensa.

Un destello de nerviosismo cruzó el rostro de Valeria.

Por el rabillo del ojo, notó instintivamente que la vibra de Andrés había cambiado por completo. El hombre emanaba ahora un aura sombría y aterradora.

Antes de que ella pudiera decir algo, Andrés se adelantó, hablando sin pelos en la lengua: —Samuel, hace tiempo que no nos veíamos, pero ¿cómo puedes ser tan descarado? Ya tienes prometida y vienes a molestar a Valeria. ¿Qué te traes?

—Esa pregunta deberías hacérsela a la mujer que tienes al lado. Pregúntale qué se trae ella.

Samuel alzó un poco la voz, sin dejar de mirar a Valeria.

Al escucharlo, el nerviosismo de Valeria se volvió evidente para cualquiera.

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