En ese momento, en el residencial Costa de la Rivera.
Samuel estaba de pie frente al enorme ventanal, contemplando la majestuosa puesta de sol, pero su rostro reflejaba una seriedad absoluta: —¿Fiona está en el estudio?
Hacía un momento, al terminar su trabajo y bajar del despacho, encontró a la niña jugando con bloques en la sala.
Buscó a Fiona por todas partes sin encontrarla, hasta que Silvia le dijo que había salido en el carro a toda prisa.
Lo primero que hizo fue llamarla, pero como no contestaba, decidió marcarle a Emilio.
—¿Fiona no le avisó antes de salir? Tuvimos un problema en el estudio, vino gente a hacer alboroto y ella acaba de llegar para resolverlo.
—¿Problema? ¿Qué tipo de problema?
El rostro del hombre se oscureció al extremo, y el aura a su alrededor se volvió pesada.
—Alguien dice que usamos jade falso y se pusieron a transmitir en vivo para armar lío. Pero ya apagaron el directo, Fiona está platicando con ellos en privado.
—Bien, voy para allá ahora mismo.
Al colgar, Samuel miró a la niña que jugaba en la sala y caminó a zancadas hacia la mesa de centro para tomar las llaves del carro.
—Padrino, ¿vas a salir? Ya casi vamos a cenar.
—Silvia, tengo que arreglar un asunto muy importante. Cuando Helena termine de hacer la cena, empieza a comer tú, ¿sí?
Samuel miró a la niña con ternura, aunque su voz sonaba grave.
Silvia asintió levemente: —Está bien, padrino.
Samuel salió a toda velocidad y condujo hacia el estudio de Fiona.
Por suerte era fin de semana y no hora pico, así que el tráfico no estaba tan pesado.
...
Emilio le entregó la hoja impresa.
Fiona tomó el documento, puso ambos reportes juntos y los deslizó de vuelta hacia la pareja.
—Mírenlos bien los dos. ¿Qué diferencias encuentran entre estos reportes?
Damián y su esposa bajaron la cabeza para leer con atención. Al final, sus miradas se detuvieron en la columna que decía "Clorita".
Al ver que sus expresiones cambiaban, Fiona sonrió levemente: —¿Ya notaron que en el suyo falta el material de Clorita?
Damián frunció el ceño: —¿Y eso qué prueba?
—Eso prueba... —dijo Fiona sin rodeos— que esa cochinada que traen ahí es, en efecto, falsa. Pero no es la pieza que yo tallé, ¡es una réplica barata!
Al escuchar esto, el rostro de Damián se llenó de inquietud.
Incluso su esposa, sentada a su lado, dejó ver el nerviosismo en sus ojos.

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