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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 889

No se habían comunicado en todo el día. Al ver que era tan tarde y ella aún no llegaba a casa, decidió llamarla. Jamás imaginó que estaría en Villa San Telmo y que, para colmo, sería Esteban quien contestara el celular.

¿Lo hacía a propósito para hacerlo enojar?

Apenas anoche habían tenido una bronca por culpa de Esteban, ¡y hoy ella se iba directo a su casa!

Una oleada de ira inexplicable le subió por el pecho al instante y no lograba disiparla.

Tuvo el impulso de arrancar el coche e irse a meter a Villa San Telmo ahora mismo, pero descartó la idea casi de inmediato.

Después de todo, Esteban le había dicho por teléfono que Pedro se sentía mal y que ella solo había ido a ver al niño. Supuso que regresaría por la noche…

Trató de calmarse una y otra vez, hasta que por fin logró recuperar un poco la compostura.

Sin embargo, de la nada le vino a la mente la imagen de anoche en la villa: Esteban acorralándola contra el sofá.

Fue como un chispazo; perdió la calma en un segundo.

Decidió meterse a bañar para enfriar la cabeza.

Esperaría una hora más…

Si en una hora no regresaba, ¡iría por ella sin pensarlo dos veces!

***

Cuando Fiona salió de Villa San Telmo, ya eran casi las once de la noche.

Pedro había estado haciendo berrinche para que se quedara; se aferraba a su mano con fuerza y no la soltaba por nada del mundo.

No pudo irse hasta que logró arrullar al niño y dormirlo.

Para cuando llegó a Costa de la Rivera, el reloj marcaba las once y media.

Apenas metió el carro al patio, vio al hombre salir de la casa.

Era Samuel.

Traía el celular y las llaves del coche en la mano, como si estuviera a punto de salir.

Al ver el auto de Fiona, se detuvo en seco.

Se quedó ahí, estático, clavándole la mirada sin decir una sola palabra, esperando a que ella bajara.

Aunque el parabrisas los separaba, ella podía sentir la tensión y el ambiente pesado que lo rodeaba.

—¿No te dijo que te llamé?

Fiona se quedó helada un momento, con un gesto de extrañeza en los ojos.

La verdad era que Esteban no le había mencionado nada.

Solo sabía que había olvidado su celular en el coche, y cuando lo revisó para ver la hora, no notó ninguna llamada perdida.

¿Acaso Esteban la había borrado?

Al ver su reacción, Samuel intuyó de inmediato que Esteban se había callado la boca.

Sin darle tiempo a replicar, la jaló de la mano y la llevó directo al segundo piso sin dudarlo.

No dijo ni una sola palabra en todo el trayecto.

¡Pum!

Al llegar arriba, cerró la puerta de la habitación con un golpe seco.

El portazo retumbó en toda la casa.

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