Realmente no esperaba que llegaran a este punto.
De nuera a cuñada…
¡Si esto se supiera, sería el hazmerreír de todos!
Esteban, con la voz grave, dirigió la mirada directamente hacia el abuelo Flores:
—Abuelo, ¿tú también estás de acuerdo con este matrimonio?
El abuelo Flores levantó la vista y cruzaron miradas.
Tras un largo silencio, dijo en voz baja:
—Sí.
Esteban estaba tan furioso que las manos, apoyadas sobre sus piernas, se cerraron en puños al instante.
Hoy, cuando el abuelo le llamó para avisarle de la cena, supo que Samuel y Fiona vendrían. Quería aprovechar la reunión familiar para aclarar este asunto de una vez por todas.
—Fiona es mi exesposa. Ahora se va a casar con mi tío. Aunque la familia no tenga problema, si esto se sabe afuera, ¿no vamos a ser la burla de la gente?
El rostro de Esteban estaba ligeramente sombrío, y la tensión a su alrededor era sofocante.
—¿Burla de qué?
Samuel levantó la vista y lo fulminó con la mirada:
—Empecé a salir con ella formalmente después de que ustedes terminaron. Lo suyo ya es historia. Además, ¿quién se atrevería a hablar a espaldas de la mujer de Samuel?
—En tu cara no se atreverán, claro, pero a tus espaldas quién sabe qué tanto estén diciendo… —añadió Gisela, con la mirada particularmente seria.
Fiona curvó los labios en una sonrisa sarcástica:
—Lo que digan a mis espaldas me tiene sin cuidado, al fin y al cabo no lo escuchamos. Nunca me ha importado eso. Solo sé que nos amamos y por eso debemos casarnos.
—Ahora que ella encontró su propia felicidad, aunque sea con tu tío, tienes que aprender a aceptarlo y asumir las consecuencias. ¡Porque todo esto te lo buscaste tú solito!
Esteban bajó la mirada al suelo, sintiendo un peso enorme en el corazón.
No podía refutar las palabras del abuelo; cada frase era una estocada directa al corazón, pero también eran verdades absolutas.
—Listo, esto ya es un hecho, nadie diga nada más. ¡El que se atreva a volver a sacar el tema se las verá conmigo!
Aunque el abuelo Flores no fue explícito, la advertencia fue clara.
Gisela y Esteban se miraron, pero ninguno dijo nada.
La cara de Esteban estaba más negra que la noche.
El abuelo siempre había protegido a Fiona, y Samuel era su hijo favorito. Ahora que estaban juntos, cumpliendo el deseo del viejo, ¿qué derecho tenía él a opinar?

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