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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 838

Fiona asintió levemente, con una suavidad infinita en su gesto.

De repente, el hombre bajó la cabeza y depositó un beso suave en sus labios.

Aquel beso inesperado hizo que el corazón de Fiona latiera desbocado.

Una intensa sensación de felicidad la invadió por completo.

El beso se volvió más profundo; era como si ambos quisieran volcar en ese momento todo el amor y la añoranza que sentían el uno por el otro.

Samuel comenzó a perder el control, buscando ir más allá.

Fiona reaccionó rápido y puso las manos sobre su pecho para detenerlo:

—Samu, acabas de recuperarte, no puedes hacer esfuerzos...

Una sombra de decepción cruzó la mirada del hombre, pero al final obedeció.

Asintió dócilmente:

—Está bien, lo que tú digas.

Esa noche, durmieron abrazados profundamente.

Al despertar, Fiona bajó para comprarle el desayuno. Apenas llegó a la puerta del hospital, vio una silueta familiar afuera.

No era otra que Bianca.

La expresión de Fiona se oscureció al instante, y el ambiente se volvió tenso.

—¿Qué haces aquí? ¿Quién te invitó? —preguntó con voz grave.

Bianca se quitó las gafas de sol y fue directa al grano:

—Escuché que tu hombre despertó. ¿Es cierto?

—¿Y a ti qué te importa si despertó o no?

—A mí no me importa, pero verlos felices me revuelve el estómago.

Fiona soltó una risa burlona:

—Mira que he conocido gente nefasta, pero tú te llevas el premio.

Fiona ya había probado la locura de ese hombre, así que no iba a enfrentarlos a la ligera hasta que no tuviera todo amarrado.

¡Tenía que limpiar su nombre primero!

¡La verdad sobre el caso de aquellos años tenía que salir a la luz!

Fiona reprimió su molestia y dijo con voz grave:

—Si quieres jugar, espérate a que le den el alta y yo misma te atiendo. De por sí ya estás quemada socialmente; si sigues con tus teatritos, me temo que no vas a aguantar la caída.

Bianca estaba tan furiosa que apretaba la correa de su bolso con fuerza.

Fiona curvó los labios en una sonrisa fría:

—Hay un dicho muy cierto: la justicia tarda, pero llega. Me muero de ganas por ver qué tan feo van a caer tú y el que te protege.

La cara de la mujer frente a ella cambió de color drásticamente.

Fiona la miró con ojos cada vez más sombríos.

Finalmente, no dijo nada más, dio media vuelta y se alejó por el pasillo del hospital para ir a comprar la comida de Samuel.

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