Antes de abordar el avión, ella le envió un mensaje a Emiliano avisando que ya habían salido y que esperaban llegar por la tarde.
Fiona estaba cabeceando de sueño en primera clase cuando, de repente, alguien se acercó y la abrazó.
El gesto repentino hizo que Fiona se estremeciera del susto.
Al abrir los ojos, se encontró con el rostro increíblemente atractivo de Samuel.
—Samu, ¿qué haces?
—El vuelo es muy largo, quiero estar cerca de ti.
Fiona no sabía si reír o llorar.
Parecía que, después de perder la memoria, se había vuelto mucho más apegado a ella.
Le dio unas palmaditas en la espalda:
—Está bien, quédate aquí conmigo.
Samuel recargó la cabeza en su hombro y poco a poco se fue tranquilizando.
Aun al día de hoy, no conservaba muchos recuerdos de la mujer frente a él, pero sentía un impulso inexplicable de estar cerca, de buscar su contacto, de tocarla.
Era una sensación que ni él mismo podía explicar.
Como si la hubiera amado desde hace mucho, mucho tiempo...
Llegaron a Montevideo alrededor de las tres de la tarde.
Quien los recibió fue el hijo de Emiliano, Arturo Cifuentes.
Los instaló en las habitaciones de invitados de la residencia de los Cifuentes y luego los llevó a ver a Emiliano.
Fiona no había visto a Emiliano en muchos años. Al verlo de nuevo, le vinieron a la mente los recuerdos de él junto a su abuelo, y sintió ganas de llorar.
Emiliano también se emocionó al ver a Fiona:
—Fiona, viniste...
—Señor Cifuentes, cuánto tiempo.
Emiliano se tomó más de diez minutos revisándole el pulso, usó el estetoscopio para escuchar su ritmo cardíaco y examinó la zona del impacto anterior.
Al dejar los instrumentos, miró a Fiona:
—Una cura total es imposible, a menos que haya un estímulo externo.
Al escuchar esa respuesta, el corazón de Fiona se hundió.
No esperaba que, después de viajar hasta donde Emiliano, el resultado fuera el mismo.
—¿Estímulo externo? —preguntó Samuel con curiosidad—: ¿Se refiere a golpearme la cabeza otra vez para ver si vuelvo al estado anterior a la amnesia?
—Se podría decir así, pero el riesgo es enorme y no hay garantía de que te recuperes al cien por ciento; solo hay una probabilidad. —Emiliano continuó—: Sin embargo, mediante estimulación con acupuntura y tratamiento con medicamentos, podemos ayudarte a recuperar algo, aunque no sea una cura total.
Al escuchar esto, una luz de esperanza brilló en los ojos de Fiona:
—Mientras haya esperanza, estamos dispuestos a intentarlo.
—Bien —dijo Emiliano con calma—. Serán diez días de acupuntura. Cuando regresen, tendrás que ayudarlo con el mantenimiento. Luego te enseñaré cómo hacerlo.

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