Fiona le contó la situación con todo detalle a Ofelia.
Al escucharla, a Ofelia se le vino el alma a los pies:
—¿Se van mañana mismo a Montevideo? ¿Solo ustedes dos?
—Thiago pensaba acompañarnos, pero como no sabemos cuánto tiempo tendremos que estar allá, decidí irme yo primero con Samuel...
—Está bien —suspiró Ofelia—. Solo espero que esta vez tengan buenos resultados. Cuando me enteré, me preocupé muchísimo por ustedes. Les costó tanto estar juntos y ahora pasa esto.
Fiona la miró con calma, aunque su voz denotaba resignación:
—Quizás es una prueba que el destino le tenía preparada. No hay escapatoria.
Ofelia, al escuchar sus palabras, no dijo nada más.
Fiona se despidió de los niños y se dispuso a irse. Samuel estaba solo en casa y no se sentía tranquila dejándolo tanto tiempo.
Justo en la entrada, se topó con Esteban, que estaba a punto de tocar el timbre.
—¿Fiona? —Esteban se sorprendió al verla—. ¿Viniste a ver a los niños?
Recordando el desagradable encuentro de hace dos días, la mirada de Fiona se ensombreció.
—Sí.
El rostro de Esteban reflejó preocupación:
—¿Cómo sigue el tío? Escuché que lo vas a llevar a Montevideo para su tratamiento. ¿Cuándo se van?
—Mañana.
—Si necesitas ayuda, puedo ir con ustedes...
—No hace falta.
Fiona lo interrumpió tajantemente antes de que pudiera terminar. El hombre cerró la boca al instante; ya suponía que ella no aceptaría.
Al ver su reacción, Esteban frunció el ceño:
—¿De verdad te olvidó?
Fiona levantó la vista y se encontró con la mirada curiosa del hombre.
—¿Qué? ¿Te alegra que me haya olvidado?
Al confirmar sus sospechas, Esteban sintió una mezcla de emociones indescriptible. Solo esperaba que, con esta oportunidad, Fiona pudiera volver a su lado. Pero conocía demasiado bien el carácter de Fiona; sabía que ella jamás haría algo así.
Finalmente, dijo en tono neutro:
—No conocen a nadie en Montevideo. Deberías llevar a Lucas o a Abraham. No me quedo tranquilo sabiendo que vas sola con alguien que perdió la memoria...
—No necesito tus consejos.
El tono de Fiona fue frío y su expresión distante. Sin esperar respuesta, se subió a su coche. Apenas se sentó en el asiento del conductor, sonó su celular.

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