Por mucho que él se hubiera esforzado últimamente, para ella todo eso no era más que una táctica de manipulación.
Un paso atrás para dar dos adelante.
—Porque quiero ganarme tu perdón. Me di cuenta de que tus virtudes valen muchísimo más que cualquier cosa que Valeria pudiera ofrecerme —Andrés sonrió a través del teléfono, lanzando una frase con doble sentido—: ¿Acaso nunca has conocido a alguien dispuesto a ofrecerte una amistad sincera y desinteresada?
Había dejado muy claras sus intenciones. ¿Cómo podía ser tan ciega?
Si tuviera segundas intenciones, ¿por qué se habría tomado tantas molestias?
—Lo siento mucho, pero a lo largo de mi vida me he topado con bastantes descaradas y mosquitas muertas, pero alguien tan cínico y calculador como tú... eres el primero en mi lista.
El discurso de Andrés le revolvió el estómago a Fiona. ¿"Amistad sincera"? Más bien veneno en frasco de perfume.
Alguien tan retorcido que ya había intentado hundirla antes.
¿Cómo esperaba que confiara en él?
Hubo un largo silencio del otro lado de la línea, hasta que Andrés suspiró: —¿Y entonces? Señorita Santana, ¿me vas a dar la oportunidad de ser tu amigo o no?
—Al menos acepta verme un rato. He movido cielo y tierra por ti, ¿de verdad no puedes concederme este mínimo capricho?
¿Verlo un rato?
Fiona arqueó una ceja, con un tono lleno de sarcasmo: —¿Para qué? ¿Para que vuelvas a secuestrarme y usarme para chantajear a Samuel?
No sería la primera vez que lo hacía.
Si te engañan una vez, es culpa del otro; si te engañan dos veces, es por estupidez.

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