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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 1118

Siempre había creído que la muerte de Luciano Arroyo había sido un mero accidente.

Nunca imaginó que terminaría salpicándolo a él.

Era absurdo, completamente ilógico.

Justo en el instante en que Yolanda Arroyo se desmoronaba, apareció Inés Arroyo, quien había llegado un poco tarde: —Benjamín, ¿por qué discuten? ¿No pueden hablar las cosas con calma?

Ella solo se había retrasado por el tráfico. ¿Acaso se había perdido de algún gran drama?

—No es nada —respondió Benjamín Isamar, algo sorprendido por su llegada. Ocultó sus emociones al instante y dijo con frialdad—: Tengo asuntos que atender, me voy.

Hoy no debió haber pisado ese lugar.

Solo había conseguido meterse en problemas innecesarios.

Yolanda, sin atreverse a mirar a Inés a los ojos, se marchó detrás de él.

El Café del Parque pareció recuperar su habitual tranquilidad en un abrir y cerrar de ojos.

Inés observó cómo se alejaban y, con cierta confusión, preguntó: —Señora Flores, ¿pasó algo hace un momento?

—Nada importante, solo que estaban discutiendo y me resultaba molesto, así que les llamé la atención —Fiona le hizo un gesto cordial—. Tome asiento, por favor.

Inés se sentó frente a ella: —Señora Flores, la busqué hoy porque quiero hablar sobre su exesposo.

¿Exesposo?

¿Se refería a Esteban?

—¿Habla de Esteban? —Fiona no pudo ocultar la incomprensión en su mirada—. ¿Para qué lo busca? Ustedes no tienen nada que ver, no los une ni un hilo.

Había pensado que Inés quería verla por el tema de Benjamín.

Jamás imaginó que el motivo sería Esteban.

Pero ahora veía la realidad: ninguna de ellas era una mansa paloma.

Al salir del lugar, Fiona condujo su propio auto lejos del Café del Parque. No regresó a Costa de la Rivera, sino que fue directo a las oficinas del Grupo Vizcaya Continental para ver a Samuel Flores.

Samuel ya se había reincorporado al trabajo. Al verla entrar, su rostro se iluminó de alegría: —¿Fiona? ¿Qué haces aquí, mi amor?

—Samuel, acabo de reunirme con la hija del señor comisario —dijo Fiona, con expresión seria—. ¿Y a que no adivinas para qué me buscó?

Samuel levantó la vista: —¿Para qué?

—Quiere que le entregue a Esteban, e incluso aseguró que fue una petición de su padre —Fiona de verdad no entendía qué pasaba por la mente de esa mujer—. Me exigió una respuesta en tres días.

¿Ella quería a Esteban?

Ese descubrimiento hizo que el bolígrafo en la mano de Samuel se detuviera de golpe: —¿Para qué diablos querría a Esteban si no tienen absolutamente nada que ver?

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