Esteban.
—¡Esteban! —La voz de Bianca resonó repentinamente sobre él.
Al escuchar aquel sonido, Esteban levantó la mirada por instinto y se topó de inmediato con la mujer que había ido a visitarlo.
Su mirada se enfrió en un instante.
—¿A qué viniste?
El abogado, al notar la tensión, le dijo a ella:
—Señorita Morales, si no hay nada más, la esperaré afuera. Avíseme cuando terminen de platicar.
—Está bien, gracias, licenciado Benjamín.
El licenciado Benjamín se retiró con discreción, dejándoles el espacio y el tiempo para que hablaran a solas.
—Esteban, ¿tienes idea de lo difícil que fue conseguir verte? Le pediré al abogado que me ayude a sacarte de aquí. No dejaré que te quedes mucho tiempo en este lugar, tranquilo…
—No hace falta —soltó el hombre de golpe.
Bianca se quedó pasmada, sin entender.
—¿Qué dijiste? ¿Que no hace falta?
«¿Acaso no quiere salir?», pensó ella.
—Así es, no hace falta. —El tono de Esteban era indiferente, lanzándole una mirada de reojo—. No necesito tu ayuda.
No tenía el más mínimo deseo de ver a esa mujer.
Si no fuera por ella, no habría pasado nada entre él y Fiona.
Y él no habría terminado en esta situación miserable.
Al escuchar esto, los ojos de Bianca se enrojecieron al instante.
—Esteban, ¿es que no quieres salir, o es que prefieres quedarte en la cárcel con tal de no verme?
—¿No tienes la respuesta muy clara en tu interior?
—Ese también sería un muy buen camino para ti.
Bianca estaba tan furiosa que le dieron ganas de darle una cachetada.
Pero se contuvo por la situación y, en cambio, le suplicó una y otra vez:
—Esteban, te pido que si no piensas en ti mismo, al menos pienses en tu familia allá afuera, ¿no?
—Tu madre ya fue a Costa de la Rivera a reclamarle a Fiona, y toda la familia Flores está de cabeza por tu encarcelamiento. No querrás que tu madre, a su edad, se enferme de tanta preocupación por tu culpa, ¿verdad?
Al oír eso, Esteban se quedó completamente callado, y una sombra de emoción cruzó por sus ojos.
Ahora que estaba en la cárcel, su mamá debía estar muy preocupada.
Pero esto era culpa suya. Como dijo Fiona, ella se lo había advertido hace mucho, y fue él quien se negó a escuchar.
Había sacrificado demasiado por Fiona.
¿Acaso debía seguir así por ella?

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