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Me perteneces, pequeña romance Capítulo 15

CAPÍTULO 14

SERGEI RUSSO

Cada parte de ella me fascina y me vuelve loco, le he dicho sobre esta absurda puesta que ni loco pienso perder. Ella es mía y solo mía y jamás podría compartirla con ese pedazo de niño que no tiene comparación con un hombre como yo. Observo de más su perfecto culo mientras entra a la compañía de mi familia. Sus aires de grandeza y superioridad me han vuelto adicto a ella. Adoro que sea tan rebelde y que me lleve la contraria porque eso me dan más ganas de dominarla y tenerla solo para mí.

Sale del ascensor distraída y solo siento como cae contra mi espalda, sus mejillas sonrojadas me prenden y ni ella se imagina cuanto daría por subirle esa maldita falda y clavarme dentro de su coño hasta que cada parte de su cuerpo grite mi nombre. Suprimo este deseo infernal y sé que al tomarla entre mis manos como lo estoy haciendo ahora sería como firmar mi sentencia de muerte. Los empleados saben quien es ella y que seria capaz su abuelo para alejarla de mí. Es por eso que guardaré nuestro secreto para mantenerla conmigo. La escucho gritarme que le duele y me quiero reír porque yo quiero que te duele otra cosa y no es precisamente ese tobillo.

La oficina de mi hermano es la única disponible, la veo abrir los ojos asustada y mientras paso las palmas de mis manos con algo de disimulo para no parecer un crío adolescente inexperto, le digo que no debe de que preocuparse ya que Alex no se encuentra en la ciudad desde hace algunos días.

—Él no está aquí, no te preocupes.—vuelvo y le recalco al ver que no me quiere creer. Medio arruga su nariz y me la quiero comer entera. ¿Cómo puede ser jodidamente adorable y caliente a la vez? Dara, sin duda alguna toda parte de tu cuerpo debe ser solo mío.

La deposito en el borde del escritorio aunque yo quisiera mantenerla por más tiempo sobre mis brazos, mi cuerpo ya siente su ausencia y mi polla apunta hacia su dirección sin ningún disimulo, respiro hondo para bajar mi hinchazón.

—¿Qué haces?—me pregunta algo enojada al verme abrir una pequeña nevera para líquidos.

—Busco hielo y aunque desearía que fuera para otra cosa…—se incomoda cuando recorro su cuerpo con mis ojos sin ningún tipo tapujo. La quiero para mí—Me conformo con escucharte gemir de dolor…Y eso me hace preguntar ¿Cómo será tu cara de dolor? De solo pensarlo ya la tengo dura…—sus mirada se clava en mi entrepierna. Joder…

—¡¿Te van los fetiches?!—cuestiona. Si supieras todo lo que deseo hacerle a ese diminuto cuerpo tuyo.

—Te sorprenderías saberlo… Pero no te preocupes todo lo que te daría es placer…—No sé en qué momento he ido hasta ella y he separado sus piernas de lado a lado para meterme entre ellas, me aferro a sus suaves y frías mejillas para meter mi lengua a lo más profundo de su deliciosa y exquisita boca; agarro con vehemencia sus caderas para que sepa que aunque se resista ella sabe que soy el único que la puede ver de esta manera—Deseo clavarme en ti tanto que tu vagina pida más y más…—vuelvo a besarla.

Un estruendo me hace despegarme de ella, mi hermano mayor que según yo no estaba en Barcelona ha entrado a su oficina y me ha encontrado con las manos y los labios en el cuerpo de Dara. Mi pequeña abre los ojos aterrada y se baja del escritorio acomodándose su falda ya que por mis caricias la tiene muy arriba. Alex no dice nada y cuando veo la intención de la hija de Akim de marcharse la sujeto de la mano para que no lo haga.

—No salgas de la casa hasta que yo llegue por ti—puedo ver lo cristalino de sus ojos, suelta mi mano y cuando escucho el clic de la puerta ser cerrada un guantazo en la cara le tumba en el suelo. Alex me toma del cuello de la camisa blanca uso debajo de la americana para volver a propinarme otro golpe. Sus rostro me muestra lo consternado que toda esta situación me lo provoca. Me levanta del suelo para estrellarme contra su escritorio. Mis manos intentan agarrarse de la bandera para no caer pero no funciona—¡Para! ¡Para, Alexander!—meto la mano para que deje de pegarme.

—¡¿Te has vuelto loco?! ¡LOCO! Dara tiene veinte años, tú… ¿Desde cuando pasa esto? Miguel se va a volver una bestia apenas se entere ¿Qué le voy a decir a Akim y a Mía?

—Nada…—me limpio la sangre que se derrama de mi labio inferior—No le vas a decir nada. Ella es mayor de edad y…—vuelve a pegarme—Puedes hacer lo que quieras pero no voy a dejar de verla. Ella me gusta y me gusta mucho—me saco la americana.

—Tú le cambiaste los pañales cuando nació ¿Cómo es posible que la veas como mujer? Su familia y la nuestra son como una sola, además Izan está casado con su tía ¡¿Qué te pasa, Sergei?! Puedes mandarlo todo a la mierda por este maldito capricho tuyo…—no, no quiero a otra mujer que no sea ella. Es que cada centímetro de Dara me llama para ser corrompido—Voy a llamar a Miguel…—saca su móvil mientras no deja de mirarme.

Le aplaudo—Ándale, hazlo—lo aliento para que lo haga—Pero te recuerdo que Go Space necesita de Globe Tecnology Inc para salir de todas las malditas deudas que obtuviste en la campaña pasada. Si Miguel se entera cortará lazos con los Russos y yo seguiría viendo a Dara aunque me toque raptarla, pero tú…

Vuelvo a marcarle y levanto el torso para quedarme sentado sobre el suelo al escuchar música a todo volumen del otro lado de la bocina—¿Pequeña? ¿Dara?—escucho su risa en el fondo y me altero al recordar que me ha dicho que Thomas iba hoy para su casa—¡¿Qué coño estás haciendo?!—más risas. Como puedo y sin bañarme ni cambiarme de ropa salgo para Blue Sky. Ella me va a encontrar si ha pasado el límite con ese tipejo.

—¿Sergei eres tú?—es ella.—¿Dónde estás? ¿El abuelo sabe de los nuestro?

«Lo nuestro…» estoy sonriendo como un completo idiota—Estoy entrando a tu edificio…—me cuelga. Los empleados me saludan y los ignoro. No puedo entender como me viene a gustar esta niña que lo único que hace es meterme en problemas y más problemas desde que la conocí. Me detengo al escuchar una algarabía y es como si todo pasara por encima de mis ojos en un micro segundo. Maya viene corriendo detrás de su mejor amiga la cual viene en bragas y camiseta corta corriendo descalza por el loving de la residencia.

Los hombres empiezan a tomarle fotos apenas ven la intención de mi pequeña de quitarse la prenda que cubre sus deliciosos pechos.—Maldición…

Me quito la americana y la cubro—¡Sergei! El hombre que me desvirgó está aquí!—los dueños de los apartamentos me miran.

—Estás ebria…

Niega y hace pucheros—Que bueno que viniste, Thomas está dentro y…

Esperen… ¿Ese gilipollas la ha visto de esta manera?

Tomen asiento porque aquí va a arder Troya…

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