Entrar Via

Me perteneces, pequeña romance Capítulo 58

Capítulo 56

Un escalofrío mortífero recorrió mi espina dorsal al escuchar a Liliana confesar que tiene un hijo adolescente. Mis manos tomaron con fuerza mi pecho, mientras que la mano que sostenía la muñeca de Dara terminó a un costado de mi cadera. Un ligero sudor se apoderó de mi frente, y cuando vi a mi ex novia sonreír, forcé también una sonrisa.

—¿Estás bien, amor?

Mi futura esposa preguntó, y no supe que decir, me sentía completamente confundido.

—Yo... —Carraspeé con fuerza la garganta, y de este modo aclarar mis pensamientos, —claro que lo estoy, ¿Por qué la pregunta?

—Estás pálido… —La española intentó tocar mi rostro, aunque la detuve antes de que lo hiciera. Sus ojos se posaron en Liliana, y luego en mí. —Creo que si nos vamos ahora podemos llegar a la cena con nuestros padres.

Un pitido fuerte golpeó mis tímpanos.

—Sergei…

Es la voz de mi amor.

—¿Qué?

Pregunté, entretanto todo me estaba dando vueltas, ¿Tengo un hijo? ¿Liliana y yo tuvimos un hijo? Bajé la mirada porque ahora mismo lo último que necesitaba era pelearme con el amor de mi vida. Le eché un vistazo a la mujer que quise alguna vez, para luego cerrarle la puerta de mi coche a Dara, e irme con ella.

Mis manos apretaron con vehemencia el volante de mi vehículo, mi vista estaba nublada, y tenía demasiadas preguntas sin respuestas. —¿Pasó algo? —La voz suave de mi prometida me sacó de mis pensamientos.

—Nada, son ideas tuyas…

—Te conozco.

Sonreí, porque sabía que era así, la única persona en este mundo que me conoce completamente es Dara Smirnov.

—Solo estoy cansado… —Mi voz se quebró, sé que no debería mentirle, sé que debería decirle toda la verdad, pero no quiero arruinar esto con ella, no quiero arruinar nuestro futuro juntos. —¿Mañana tienes universidad?

Cambié la conversación drásticamente.

—No quiero hablar de eso ahora.

—¿Por qué?

—Bueno… Perdí un examen…

El cuerpo de la pequeña se sacudió con violencia una vez detuve mi coche.

—¿Qué dijiste? ¿Cómo que perdiste un examen?

—De final de semestre…

Confesó ella, logrando que mi mandíbula se tensara.

—¿De qué era la evaluación?

Su mirada se desvió, y volví a andar el carro.

—Economía.

—Me siento el peor novio del mundo, soy economista, y mi mujer ha perdido un examen importante en algo en lo que yo soy especialista.

Solté un ligero aire entre mis labios, Dara se notaba cansada, así que guardé silencio para no darle más presiones por ahora; su cabeza se recostó contra la ventanilla del coche, y cuando menos lo esperó sus ojos se cerraron. Luego de algunos minutos se despertó, al darse cuenta que faltaba poco para llegar a la casa de la familia Smirnov, sacó un lápiz labial y se volvió a maquillar.

—¿Cómo me veo?

—Grandiosa como siempre.

—Jamás pensé ver partir a mis nietas tan rápido… —Decretó el anciano hombre, dándonos la bienvenida a la elegante cena que prepararon nuestras familias por el compromiso de nosotros. Dara se sentó a mi lado, mientras que cada miembro que comparte nuestra felicidad también tomaba asiento en la mesa principal. —Dara y Sandara son mis primeras nietas… —La gemela de mi mujer se hallaba sentada al lado de su esposo Gabrielle, —mis pequeñas niñas… Aun recuerdo cuando les enseñé a disparar, y… —Victoria lo detuvo.

Mi mano tomó la de mi preciosa pequeña, y la besé convencido de que jamás en mi vida podré amar a alguien tanto como la amo a ella.

—¿Quieres decir unas palabras?

Es la voz de mi papá.

La pelinegra me toca el muslo derecho para que salga de mis pensamientos.

—Sí… Yo… —Cierro los ojos, y arrugo el entrecejo, —quiero agradecer a Dara por permitirme amarla, por darme su corazón, y darme un motivo para vivir…

Victoria besó a su marido.

—Amo tanto a esta mujer que me siento honrado al desposarla… Les prometo que la cuidaré, la protegeré, y seré honesto… —Mi voz se cortó, —y seré honesto con ella por el resto de mi vida.

Papá me pasó un anillo que elegí para ella desde hacía meses, su joya es ovalada en color azul, porque significa el amor infinito que siento dentro de mí, tan enorme como el mar azul. Mis rodillas se sienten débiles.

En un abrir y cerrar de ojos estoy de rodillas ante mi mujer, sus ojos están llorosos, y sé que esto es lo que quiero, quiero darle mi vida a Dara Smirnov.

—¿Quieres casarte conmigo?

Le digo, dispuesto a entregarle mi alma entera solo a ella.

—¡Sí! —su pequeño cuerpo se impacta contra el mío, rápidamente me levanto para besarla, —¡Lo acepto! ¡Acepto ser la señora Russo!

Todos a nuestro alrededor aplauden felices, nuestra familia se está fortaleciendo, pero por ahora necesito sacarme de una duda, y si es cierta, enterrarla para siempre.

¿El hijo de Liliana es mío?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perteneces, pequeña