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Me perteneces, pequeña romance Capítulo 13

CAPÍTULO 12

Vuelvo a marcar al móvil de mi hermana y de nuevo salta a buzón. Han pasado veinticuatro horas desde que Gabriel se la llevó y la familia no ha dado con su paradero. Me muevo inquieta alrededor de la sala de mi apartamento pensando en que lugar de toda España ese psicópata se ha llevado a mi gemela. Papá me llamó un par de veces para decirme que todo estará bien. Que ese imbécil no será capaz de tocarla, pero he visto algo en sus ojos. Algo en ellos que me dice que Ford realmente no está bien de la cabeza. Así que si, si temo por la vida de Sandara.

Desde ayer no tengo noticias de Sergei, estas cuatro paredes ya me están inquietado, así que me dirijo al baño, me aseo un poco, busco ropa de oficina y me largo para Globe Tecnology Inc. Estamos a nada del lanzamiento del nuevo producto de la compañía y con lo que le pasó a mi hermana lo mejor es que tenga la mente despejada. Tomo un pedazo de tostada de pan integral de uno de los estantes de la cocina y le unto un poco de mantequilla fresca. Mastico lo más rápido posible para así llegar a tiempo a la junta directiva que tendré con el equipo de marketing.

Desenredo las hebras de mi cabello y bajo a toda prisa hacia el subterráneo de Blue Sky. Al llegar a la empresa las persona empiezan a saludarme. A mis tan solos veinte años de edad he podido manejar a la perfección las tareas que mi abuelo me ha dado y hablando de él, espero poder aclarar lo que pasó la última vez. Sé que quiere que viva una vida normal y siendo honesta no sé si algún día puede llegar a eso. La secretaria de mi padre me entrega unos papeles para firmar pero le pido que me espere un momento cuando mi móvil empieza a vibrar en mi bolsa.

—¿Bueno?—escucho una respiración agitada del otro lado. Apoyo la carpeta en una de mis manos y saco con una maniobra sorprendente un bolígrafo para estampar mi nombre donde ella me solicita—¡Hable por favor, no tengo todo el día!—mascullo entre dientes algo molesta ya que nadie habla del otro lado de la línea.

Pequeña…—despego mis ojos de lo que tengo en mis manos—¿No te di una orden? ¿Por qué estoy afuera de tu apartamento pero tú no estás? Estoy muy molesto contigo…—habla con voz rasposa—¿En donde estás? No me digas que huyes de mí…

Maya aparece en mi campo de visión, alza las manos para que la vea y cuando menos lo espero llega hasta donde estoy—¿Qué haces en la oficina tan temprano, Dara?—escucho el sonido que me avisa que Sergei ha colgado y maldigo.—¿Ahora que hice?—suelta mi mejor amiga cuando tiro de su brazo para llevarla hasta la privacidad de mi oficina. Agarro un vaso plástico para beber algo de café de mi cafetera personal. Miles de ideas locas llegan invadiendo mi cabeza de cosas incoherentes. No creo que Sergei llegue hasta aquí solo porque no le hice caso. Él no es un niñato que se pondría histérico solo porque no hice lo que me pidió.

—¿Has vuelto a follar con el italiano?—le tiro lo primero que veo sobre mi escritorio. Algo que odio de Maya es su forma tan directamente indiscreta de decir las cosas. Si alguien la llegase a escuchar y se lo dicen al abuelo estoy muerta. Es que no solo muerta, estoy jodida. ¡Jodida!—Ya entendí. Anoche en la fiesta tenías pasto en el trasero. ¿Te caíste?

Me siento sobre mi silla para reírme tan fuerte que la mujer delante de mí frunce el entrecejo sin comprender—Sí te contara…—y terminé por decirle todo lo que sucedió en la fiesta de Misa entre el magnate italiano y yo. Mi mejor amiga tiene la cara pasmada. Es que aun no puede creer que yo, Dara Smirnov haya hecho algo de esta magnitud.

—Sergei Russo es un peligro.—declara y concuerdo con eso. Desde que lo conocí mi vida ha ido en un vaivén de emociones. Sus manos sobre mi cuerpo su boca devorando mi intimidad, es… Es lo mejor que me ha pasado en la vida. Aunque sé y tengo las cosas bien en claro con él. Jamás me podría enamorar del hermano menor del tío Alex.

—¿Qué crees que piense tu familia sobre esto?—bajo las persianas de mi oficina. A esta hora muchos empleados están llegando y como dijo una vez Victoria, las paredes tienen oídos y puedo terminar metida en problemas por mi lengua.—Lo que me parece extraño es que alguien de su edad no tenga novia o esté comprometido.—parpadeo las pestañas porque hasta ahora me doy cuenta que jamás había pensando sobre esto.—Él estaba solo en el crucero en donde lo conociste o eso es lo que vimos ¿Pero si iba con alguien?

—Akim le hubiese preguntado delante de mí algo sobre su novia ¿No crees?—miro mis manos—Sergei me dijo que no podía salir con nadie que no fuera él ¿Haría eso sí tuviese prometida?—Maya rueda los ojos. Acerca más la silla hasta donde estoy para poder hablarme despacio.

Me hace seña con su mano para que me acerque un poco más y lo hago—Para ser una Smirnov eres demasiado pendeja…—me alejo partiéndome de la risa—Eres una mujer impulsiva, quisquillosa y sobre todo problemática ¿Crees que no puedes averiguar si se lo mete a otra?

Abro los ojos—¡Maya!—grito su nombre pero me callo al ver a Miguel entrar a mi oficina. Tenemos las mismas noticias de ayer. Es como si Gabriel se hubiese escondido en el lugar más remoto de la tierra. Mi corazón bombea con fuerza con la idea de que le haya sucedido algo. Pero dentro de mí algo me dice que él no sería capaz de tocarla. Mantengo las esperanzas de que su amor sea verdadero y Sandara sepa huir de esta maldita situación antes de salir herida. La abuela entra minutos después y me levanto de inmediato de mi silla al ver a Thomas Hunter asomarse detrás de ella.

¡Santo Dios! ¿Desde cuando este hombre se había puesto tan bueno? El pelinegro corre hasta mí para envolverme en un prolongando y largo abrazo. Puedo sentir su caliente respiración en mi mejilla derecha. Sus ojos grises me observan de pies a cabeza y lo manoteo en el hombro como vergüenza al notar como se muerde los labios para molestarme. Todos salen dejándonos solos.

Me adelanto para quedar a centímetros de él—Escúchame bien, no soy un mueble. No la propiedad de nadie. Que me la hayas metido no quiere decir que soy tuya… ¡Entiéndelo de una maldita vez!

—No vas a salir con ese tipo, desde ahora te lo digo.

Lo empujo con fuerza—No recibo órdenes ni de Miguel…—inquiero molesta.

—Yo no soy Miguel, soy peor que él, así que hazme caso, no querrás conocerme cuando quiero quitar algo de mi camino.

Chasqueo la lengua—¿Me estás amenazando?—me pavoneo.

—Tómalo cómo quieras, pero de que no sales con él, no sales…

Mira no más como estoy saliendo de tu oficina para hacer lo contrario a lo que acabas de decir. Creo que firmé mi sentencia de muerte porque escucho sus pasos detrás de mí y lo peor es que mi abuelo me queda viendo sin saber que es lo que está sucediendo entre nosotros dos. ¿A caso Miguel viene hacia acá?

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