CAPÍTULO 11
Sus ojos azul zafiro me comen viva. Sus manos agarran con fuerza mis muñecas y esa sonrisa ladina que tiene en sus labios me dice que estoy metida en serios problemas. Escucho a la abuela otra vez llamarme y conociéndola como la conozco sé que si no salgo ahora es capaz de volarse el arbusto solo para saber lo que estoy haciendo.
Intento colocarme en pie, pero Sergei me bloquea el paso, le abro los ojos para que sepa que este juego no me está gustando. Si alguien me llega a ver con él aquí mismo, ninguno de los dos la vamos a contar. Escucho los juegos artificiales que anuncian que algunos minutos mi tía Artemisa partirá la torta de cumpleaños y más loca me vuelvo.
—Suéltame—interfiero lo más serena posible; ahora lo último que deseo es que media fiesta se entere de que este magnate italiano me tiene prisionera entre sus brazos. Jalo mi brazo pero afirma una vez más. Estoy perdiendo la poca calma que tengo y estoy a nada de mandar todo a la misma mierda.—Suéltame o grito…
Niega con su dedo índice—Mejor…—separa mis labios con ese mismo dedo—Gime para mí.—caigo hacia atrás cuando me suelta de la nada. Mi cabello está pegado a mi rostro y en una azaña que ni yo misma me creo, aparezco delante de Victoria.
Me quedo viendo más de la cuenta el collar de perlas blanca que luce con tanta elegancia en su cuello. Recuerdo que cuando cumplí los cinco años de edad, el abuelo Miguel le regaló es preciada joya. Mi abuela es una mujer muy amada. Él jamás ha visto a alguien más como la mira a ella y no quiero ni imaginarme que pasaría si alguno de los dos parte de este mundo primero.
—¿Por qué estás de aquel lado?—me repara por completo—En algunos minutos le cantarán el feliz cumpleaños a Misa ¿Por qué no sales de allí?—brinco cuando los dedos del italiano suben por mi pierna desnuda. Miro hacia abajo y lo único que me encuentro es a un hombre de treinta y cinco años divirtiéndose con una niñata como yo. Lo pateo con fuerza para que se aleje.
—Se me ha perdido un…—¡Santa Bárbara bendita! Corto las palabras cuando de una forma insistente separa mis piernas haciéndome tambalear un poco. Vuelvo a mirarlo pero ahora con furia y enojo. Victoria se va a dar cuenta de esto, ella no es tonta. Intento pisarlo, pero desliza uno de sus dedos por mi sexo echando mi braga hacia un lado—Un dedo…—abro los ojos y la abuela imita mi acción—Un anillo de mi dedo…—sé que mi rostro está jodidamente rojo. Lo miro de soslayo y alzo mi trasero cuando se mete en medio de mis piernas. Su boca se pega en mis labios vaginales en una posición algo incomoda.
—¿Te encuentras bien hija? Estás roja y sudando frío…—separo más mis piernas logrando que el italiano entierren más su lengua en mi coño húmedo. Aprieto las manos sobre los arbustos.
—Tengo cólicos.—es lo único que me sale en este bendito momento. Sergei no me ayuda para nada. Sus manos sujetan mis piernas mientras que su lengua sube y baja sobre la hendidura de mi intimidad. Su boca succiona mi clítoris erizado los vellos de mi piel. Estoy húmeda, tanto que un líquido empieza a recorrer mis piernas.
—¿Has visto a Liam? Escuché que Thomas llegó de Singapur ¿Arreglo una cita entre ustedes?—aprieto con vehemencia mi labio inferior cuando el italiano muerde mi muslo intento izquierdo. Thomas es un chico con quien salí hace un par de años antes de conocer a Liam. Recuerdo que me gustaba mucho pero las cosas no se dieron y por azares del destino se tuvo que ir del país con su familia.
Mi cadera empieza a moverse por si sola. Miro hacia abajo conecta sus ojos con los míos—Sería fabuloso volver a verlo…—grito cuando me penetra sin piedad con su lengua. Su ceño está fruncido. Es como si algo le molestara.—Dile que yo lo llamo.
—¿Entramos?—pregunta y niego con la cabeza. Me sostengo como puedo del arbusto para no caer por los espasmos que la boca del magnate me provocan.—Bueno, veo que te duele mucho. No tardes demasiado, sabes como se pone Miguel si lo hacen esperar…—se da la vuelta pero se detiene—Ustedes dos deberían de hablar y solucionar sus problemas. La sangre está primero, Dara.
Suelto todo el aire retenido en mis pulmones. El rubio tira de mi logrando que caiga sentada sobre su rostro. Sus dedos se deslizan por mi centro separando mis pliegues para pasar una vez más su lengua sobre ella. Me rodea con sus brazos para atraerme más a él.
—¿Quién es Thomas y por qué mierda tienes que salir con él?—toco mis senos ignorando su pregunta. Sergei me jala del cabello—Respóndeme, Dara. ¿Quién coño es ese bastardo?—quiero bajarme de él, pero me sostiene con más impetuosidad. Esto es un juego, un sucio juego donde el magnate siempre quiere tener el control.
—Alguien con quien salí…—me sienta sobre su polla para prenderse de mi cuello. Sus dientes se entierran en mi piel. Coloco ambas manos en su rostro para alejarlo; es una muy mala idea de que me deje marcas en mi cuerpo en un día como hoy y menos cuando toda la familia está aquí.—No...—corto las palabras al sentir sus manos someter mi cuerpo a su antojo. Mueve mis caderas de adelante hacia atrás rozando su miembro contra mi vagina.—¿Qué haces?—baja mi vestido liberando mis tetas. Sergei sigue vestido pero parece que lo está disfrutando mucho.
Rodea el cuello de mi gemela con su brazo y apunta a su cabeza para que nadie se atreva acercarse a ellos.
Papá agarra una arma de corto alcance pero se detiene al escuchar otro disparo.
—¡Mi hija, Akim! ¡Mi hija!—grita mamá vuelta llanto.
—¡¡TODOS MIS HOMBRES AHORA!!—declara Miguel con la voz quebrada—Ese maldito es Gabriel Ford y ruego a todos los cielos que no sea capaz de tocar a mi bebé…—más de diez hombres entra a la mansión. Las personas empiezan a ser evacuadas de la mansión.
—Papá…—suelta angustiado Akim mirando a su progenitor. Sergei suelta mi mano para unirse a la búsqueda de mi hermana. Ella ha sido secuestrada por un psicópata que asesina por placer.
Mi teléfono vibra.
Quédate en casa y solo sal cuando yo llegue por ti.
Sé una buena chica, Dara, no me hagas enojar. Con celos puedo ser una bestia, así que olvídate de ese tal Thomas. Ahora tú eres mía.

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