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Me perteneces, pequeña romance Capítulo 11

CAPÍTULO 10

Bajo la mirada hacia el suelo cuando veo el espectáculo que Sergei Russo le está dando a mi vista. Paso saliva al observar como desliza la tela de su camisa húmeda por encima de su cabeza. Miles de ideas locas se asoman delante de mí y retrocedo para no caer en ellas. Su ceño se frunce un poco y brinco al sentir sus manos pasar por aún lado de mi cuerpo. Abro los ojos con exageración al percatarme que ha tomado la prueba de embarazo.

—Odio las mentiras, Dara Smirnov y si estuviésemos en mi mundo te podría de rodillas para castigarte como te mereces por esta ofensa.—aprieto las piernas porque esto en vez de darme temor lo que hace es motivarme a sentir lo que el italiano tanto habla—¿Negativo?—hago el amague de quitárselo, pero sube la mano bloqueando todos mis intentos de persuasión—¿Qué hubieses hecho si salía positivo?

¡Venga! Ni yo misma había llegado hasta allá, es más siendo sincera conmigo misma no sé qué hubiera hecho si esa maldita prueba salía positiva. Quizás me iría del país y me quedaría en el lugar más remoto del planeta en donde él y su familia jamás se enteraran de que llevaba un Russo en mi barriga.

—No lo sé…—jadeo cuando me estrella contra su entrepierna—Me hubieses terminado de joder. ¿Por qué le dijiste a mi abuelo en donde estaba? ¡Te has comportado como un gilipollas!—lo empujo para liberarme de él; el rubio me observa la boca. Sus ojos van subiendo hasta fijarse sobre los míos. No puedo soportarlo más, así que con mis mejillas ruborizadas miro hacia otro lado.

Sergei retira la sudadera que lleva puesta—Miguel me llamó preocupado. Quería que me uniera contigo para la nueva campaña de Globe Tecnology Inc y así pudieras madurar un poco. Muy a pesar de lo que sucedió hoy, él quiere que aprendas a manejar tus impulsos, pero si te trata como si caminaras por un valle de flores ¿Cuándo vas a crecer? No puedes ir por el mundo haciéndole daño a alguien cuando algo de él no te gusta.

—¡¿Qué sabes tú sobre esto?! ¿Qué sabes tú sobre mí? Qué hayamos follado no quiere decir que seamos algo…—lo escucho gruñir y grito cuando tira de mi cabello con suavidad. Sus ojos están oscurecido y muerdo mi labio inferior al sentir lo endurecido de su miembro.—¿Qué crees que haces?

—Ya veo que nunca te callas. Te haces la dura pero por dentro solo eres una niñata que le tiene miedo al mundo ¿No es así?—me suelta—Me voy a quedar aquí contigo hasta que te sientas mejor. Tomate un par de pastillas para la fiebre. Estás caliente…Ahora, pensándolo bien, quizás estés así por mí.—se burla—¿Tienes ganas de que te toque?—agarro un par de cojines del sofá de la sala y se los tiro para acto seguido correr hasta mi habitación y encerrarme por el resto de la noche.

Abro de repente los ojos asustada.

Miro la hora en el despertador a un lado de mi cama y me siento en el borde del colchón al ver que son casi las dos de la mañana.

Me paro de mi asiento con el corazón bombeando por millón al escuchar un estropicio tan fuerte que creo que se ha levantado medio edificio. Mis piernas me tiemblan y siento pinchazos en mi estómago por no saber que es lo que esta sucediendo. Sudo frío al tomar mi móvil y llamar a papá por si acaso los ladrones ha violado mi sistema de seguridad.

Prendo la lámpara de la sala y me quedo paralizada al ver a Sergei tirado en el piso. Lo veo enarcar una ceja y sobarse la cabeza como si un sueño profundo lo hubiese hecho caer como guanábana en época de cosecha. No puedo evitarlo y me parto de la risa delante de él. Como puede apoya su brazo sobre su rodilla para recoger la poca dignidad que le queda. Me quedó viendo mi computadora sobre la mesa de centro y caigo en cuenta que ha estado aquí desde que entré a mi habitación.

—¿Te caíste?—lo molesto.

Se ríe con sarcasmo—Eres muy chistosa—cierra la laptop la centrarse en mí—¿Qué hora es?—le señalo el reloj en la sala—Estuve trabajando en el proyecto del nuevo aparato electrónico de la empresa ¿Quieres verlo?—asiento pero me detengo al escuchar resonar de hambre a mi estómago—Te he preparado una sopa de vegetales, pero cuando te fui a buscar…Ya estaba dormida.

—¿Por qué me has preparado de cenar?—pregunto entre dientes. Ni mi hermana se había preocupado tanto por mí. ¿Qué es lo que le motiva a él hacerlo?

Se cruza de brazos—No lo comas si lo no quieres—se levanta del sofá para dirigirse hacia mi cocina. Toma una pequeña olla en donde me imagino que está lo que preparó, prende la estufa y lo coloca a calentar. Mi estómago vuelve a sonar y puedo notar como ríe de soslayo—Sé que tienes hambre, deberías de dejar tu orgullo a medio lado y aceptar la ayuda de otros.—es difícil para mí hacer tal cosa. En mi pasado sufrí burlas por parte de mis compañeros de escuela y todo empeoró cuando se entraron de que iba a terapias psicológicas. Las comparaciones con Sandara me volvieron más insegura de mi misma. Tener una hermana normal no me ayudó mucho en mi pasado. Abro los ojos al sentir el olor del magnate rodearme—Sea lo que sea que estés pensando, eres fuerte y puedes contra eso…—¿Por qué estoy llorando?

—Acepto la comida—lo digo para que me suelte. La sopa caliente pasa por mi paladar y hasta quedo sorprendida por su exquisito sabor. Es la primera vez que alguien me prepara comida para levantarme el ánimo.—¿Has diseñado un nuevo producto para la compañía?

Sergei levanta los ojos y asiente—Te vas a gustar, aunque todo lo que hago ¿Te gusta, no?—empiezo a toser. La comida me está ahogado. El italiano se levanta apresurado para dar un par de palmadas sobre mi espalda. Las lágrimas se salen de mis ojos—¡Por Dios Dara! Estoy hablando de la comida ¿A caso me imaginaste encima de ti?

—¡Eres un sádico!—tiro de su brazo para que se largue de inmediato se mi casa. Sergei enreda una de sus brazos sobre mi cintura impidiéndome que me mueva—¿Qué crees que haces?

—Estás locas.—agarro un par de bocadillos de la mesa de comida, escucho la risa del italiano hasta acá. Lo está haciendo a propósito.

La escucho grasnar—¡Se ha ido con ellas!—me giro como tonta solo para ganarme la burla de mi mejor amiga. Tomo un pedazo de sushi y se lo tiro en el vestido—Dara Smirnov, no me digas que…

—¡Cállate!—lo grito tan fuerte ganándome las miradas de los invitados de la familia. Yo… ¿Yo celosa? ¡¿Y de ese?!

Já, por favor.

Salgo huyendo hacia el jardín trasero, necesito un poco de aire antes de que esta sociedad y el caliente del italiano terminen por asfixiarme. Mis tacones se hunden en el césped de la abuela y me corro hasta detrás de un arbusto para esconderme de mis primos.

No estoy de humor para nadie.

Veo una moto ser parqueada a las afueras de la propiedad y dejo de respirar en teoría al ver a Gabriel Ford aquí. ¡Aquí! Alguien me jala del pie y caigo encima de algo duro.

—¿Me buscabas, pequeña?—habla en un perfecto acepto italiano, intento gritar pero tapa mi boca al escuchar la voz de Victoria llamarme. Lo veo a la cara y sé que esa sonrisa significa problemas…

¡¡Sergei Russo!!

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