CAPÍTULO 76. ¿Eres tú?
Decir que estaba aturdida era poco. Decir que le dolía era poco, aunque si era honesta no sabía por qué, porque Elijah Vanderwood jamás había sido bueno con ella más que esporádicamente, como un loco que de cuando en cuando tuviera rastros de cordura.
Y aun así no podía evitar que le doliera escuchar aquellas palabras del hombre del que estaba esperando un hijo.
—¿Qué…? ¿Qué estás diciendo… ¿Cómo que te vas a casar con otra mujer…? —balbuceó con la mente aturdida.
Pero Elijah solo se dejó caer en la butaca más cercana y se restregó el rostro.
—Jamás confié en ti —dijo con tono vacío, porque ya ni siquiera tenía ánimos para discutir con ella—. Jamás confié en ti porque el día del funeral de tu padre te escuché hablando con tu madre. Te decía que tenías que quitarme todo, que recuperaras la empresa de tu padre…
—¿¡Qué…!? ¡Eso no es cierto…! —exclamó la muchacha y Elijah hizo una mueca de fastidio, mandándola a callar.
—Ya, por favor… ahórrate el teatro —murmuró—. Pensé que estabas aliada con tu madre para robarme y durante muchas semanas, debo confesarlo, durante muchas semanas la culpa hizo desaparecer esa desconfianza. Creí en ti, y evidentemente fue un error. Basset me explicó la forma tan linda en la que me has estado envolviendo…
—¡¿Basset?! —le gritó Lynett—. ¿¡Hablaste con Basset!? ¡¿Y le creíste!? ¡¿Cómo puedes creerle a ese hombre?!
Elijah la miró con desgana y negó despacio. Sentía como si ya no fuera capaz de creer en nada, absolutamente en nada.
—Porque tengo menos motivos para creer en ti —respondió sin inmutarse—. Me dijiste que te dejara libre después de la operación ¿no? Bueno, no tengo ni la más mínima idea de por qué demonios no te operaste, pero tampoco me importa. Necesito que te vayas de la casa y desaparezcas de una vez de mi vida, porque voy a entregársela a alguien en quien sí he podido confiar antes.
Los ojos de Lynett se llenaron de lágrimas pero se dio la vuelta para que él no las viera, porque después de todo aquello había sido un matrimonio forzado para evitar un escándalo.
—¿Tienes listos los papeles del divorcio? —preguntó intentando reunir el poco valor que le quedaba, pero las siguientes palabras de Elijah terminaron por derribarla.
—No hace falta. Nunca estuvimos casados en realidad.
A pesar del dolor en su pie, Lynett se giró como un resorte, mirándolo con ojos desorbitados.
—¿Cómo que…? ¿Cómo que no estamos casados…?

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