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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 70

CAPÍTULO 70. Un desastre compartido

Si era honesto, Elijah se consideraba un hombre bastante adulto y bastante falto de vergüenza como para ponerse nervioso por comprar una píldora del día después. Y el problema no era la pastillita en sí, sino que le recordaba lo mucho y lo poco que le había hecho a Lynett esa noche… y todo lo que quería hacerle después.

Así que terminó de comprar aquello con la cara más rosa que la píldora, y había que reconocer que la píldora era muy muy rosa.

Puso la cajita en manos de Lynett, y ninguno de los dos dijo nada mientras se dirigían a la casa. Ella leía el prospecto en la más absoluta concentración y él la miraba de reojo de cuando en cuando, como si no supiera cómo preguntarle lo que le estaba rondando la cabeza.

Llegar a la casa fue un alivio, pero Elijah se sintió aun mejor mientras la empujaba dentro de la casa y escuchaba aquellas palabras de su boca.

—¿Puedes…? ¿Puedes hacer que la gente se vaya? —preguntó y él la miró a los ojos.

Se veía demasiado frágil, como una pequeña osa en hibernación que solo quisiera dormir; así que en cuestión de segundos ¡otra vez, día libre para todos!

Y antes de que la muchacha pudiera empezar a protestar por lo que iba a hacer, Elijah empujó otro carrito lleno de chucherías saladas hacia su habitación, incluyendo una botella de vino blanco que definitivamente estaba pidiendo a gritos que la abrieran.

—Levono… lev… levonogestrel… —leyó sentándose en la alfombra junto al diván y quitándole aquella tirilla de la mano.

Lynett sonrió viéndolo arrugar el ceño porque ya imaginaba lo que estaba pensando.

—No entiendes por qué no le habían puesto un nombre comercial fácil a la condenada pastilla —murmuró y él asintió con un gesto de obvia confirmación.

Sin embargo cuando lo vio abrir la botella de vino su gesto Lynett no tomó la copa de sus manos.

—No, mejor no. No sé si se puede tomar con alcohol… no creo —dijo, pero Elijah solo lanzó la tirilla en la cajita con los muchos medicamentos que ya tomaba ella y le puso la copa en las manos.

—¿Y si no te la tomas ahora? —preguntó y Lynett pasó saliva, conteniendo el aliento.

—¿Qué…? No, Elijah…

—No digo que no te la tomes, pero podrías hacerlo… no sé, ¿en un par de horas más? —le preguntó y la muchacha se llevó aquella copa a los labios para disimular durante un segundo que no sabía qué responderle.

—¿Y qué…? ¿Qué va a pasar en un par de horas más, Elijha? —susurró mientras sentía las manos del hombre recorriendo despacio los costados de sus muslos hasta llegar a sus nalgas.

La arrastró del sofá hasta su regazo y Lynett quedó sentada a horcajadas sobre él, con la respiración entrecortada y la frente de Elijah apoyada en la suya.

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