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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 69

LA TRAMPA PERFECTA. CAPÍTULO 69. Una pelirroja sin filtro

Y aquello parecía una tragicomedia. De verdad parecía una de esas películas donde el pobre protagonista no lograba de ninguna manera volver a levantar la cabeza después de un tropiezo, pero si era honesto Sebastián se sentía así exactamente.

Lo primero era la seguridad de Michelle y de sus hijos, eso estaba claro, pero no cambiaba el hecho de que Michelle quedándose sola con Ranger le crispaba hasta la última de sus terminaciones celosas.

—¡No estoy de acuerdo con esto! ¡Maldición, no estoy de acuerdo con esto! —gruñó mientras se dirigía también fuera de la casa antes de que nadie pudiera detenerlo, y alcanzó a Michelle justo cuando ella y Ranger estaban a punto de subirse a la camioneta que los llevaría a la cabaña.

Todavía tenía mucho por decirle. Había cientos de cosas en las que debían ponerse de acuerdo sobre sus hijos, ¡y lo correcto era que los cuidara él, él y nadie más!

—¡Michelle, espera! —exclamó sujetando la puerta de la camioneta mientras ella lo miraba desde el asiento con impaciencia—. ¡Esto no está bien, se supone que el que debe cuidarlos soy yo! —le dijo y la muchacha respiró profundo.

—No, no se supone —murmuró en el tono más neutro que pudo encontrar—. Se supone que yo cuide de mis hijos, y que tú te mantengas pendiente de ellos, pero ya te lo dije: a menos que descubras quién trató de matarte, no te quiero cerca de mí ni de los niños, además...

Se detuvo por un momento porque sus ojos habían hecho el enfoque perfecto. Sabía muy bien que aquel auto que estaba entrando a la hacienda no pertenecía allí, y ver quién se bajaba solo la hizo confirmar que estaba tomando la decisión correcta.

—¿Además qué, Michelle? —preguntó Sebastián.

—Además, tú tienes una prometida. Vas a casarte dentro de poco. Y asumo que no le va a caer nada bien la noticia de que hay otra mujer esperando hijos tuyos —sentenció señalando a Ivanna, que caminaba hacia ellos con paso furioso—. Me imagino que aún te queda una desagradable charla por delante, así que mejor resuelve tus cosas, que yo voy a estar bien.

—¡Más que bien! ¡Doy fe de ello! —exclamó Ranger desde el asiento del conductor y un segundo después ponía en marcha la camioneta y se alejaban de allí.

Y a pesar de lo frustrado que se quedaba, Sebastián no podía hacer otra cosa que agradecerle por eso, porque los gritos de Ivanna no tardarían absolutamente nada en resonar en sus oídos.

—¡¿Pero a ti qué demonios te pasa!? —ladró la mujer fuera de sí—. ¡¿Ya perdiste el respeto, o la vergüenza, o… no sé, todo!?

—Ivanna, este no es el mejor lugar para hablar —sentenció Sebastian.

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