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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 69

CAPÍTULO 69. El fin de una pesadilla

—¿Quieres estar sola? —preguntó Elijah asomándose a su habitación, porque Lynett había estado ahí encerrada durante casi todo el día—. ¿O quieres que te arrastre a la cocina y te dé de comer?

Él había dejado que pasara su tiempo privado y necesario después de todo lo sucedido el día anterior, pero para las ocho de la noche ya estaba más desesperado que un novio adolescente.

Lynett levantó la cabeza de aquel diván y lo miró con cansancio.

—¿Sería mucho pedir comer algo aquí? No tengo ganas de…

—¡No te muevas! —advirtió Elijah y quince minutos después entraba por aquella puerta con tres carros de servicio llenos de comida y Lynett ponía los ojos en blanco porque seguía de exagerado con eso de tenerla lista para la operación.

Comieron despacio, él puso una serie para distraerla y la noche terminó con una muchacha dormida y un hombre intentando mover lo menos posible los edredones para que no lo echaran de la cama. Sabía que estaba agotada, así que se hizo parte de las almohadas y no abrió los ojos hasta el día siguiente, cuando recibió aquella llamada que estaba esperando.

—Muy bien, yo estoy listo. Los veo en la empresa en una hora. Le agradezco —murmuró para no despertar a Lynett, pero cuando se dio la vuelta vio que la chica ya tenía los ojos abiertos y confundidos, como si no pudiera creer que él se había quedado a dormir allí.

—¿Qué está pasando? —preguntó viendo la expresión molesta del hombre frente a ella.

—No quiero dejarte, pero tengo que ir a la empresa. Este asunto con Martin Hanover, tengo que resolverlo ya —le respondió él—. Estuve en contacto ayer con algunos agentes de la división de Cuello Blanco de Nueva York, y van a venir a la empresa a empezar la investigación, así que lo primero que voy a hacer es despedir al cabrón de Martin Hanover.

Lynett contuvo el aliento por un segundo y negó, incorporándose entre los edredones.

—Entonces no me dejes. Llévame —sentenció.

—¿Qué…? ¿A la empresa? —Elijah sabía todos los malos recuerdos que eso podía traerle—. No sé si eso sea buena idea, Lynett…

—Va a ser la última vez —aseguró la muchacha—. La única razón por la que estaba yendo era para encontrar a la gente que le robó a mi padre, pero una vez que los vea caer, se habrá terminado para mí. No voy a volver nunca más a la transportadora, pero tengo que verlos caer, ¿entiendes?

Elijah asintió con reticencia, no sabía por qué aquella declaración de Lynett de que nunca volvería allí le sentaba tan mal, pero no tuvo más remedio que aceptar su decisión y una hora después Elijah empujaba su silla hacia la oficina principal.

Lo primero que llamó la atención de Lynett fue ver vacío aquel escritorio fuera de su despacho, y su mano fue directamente a llamar la atención de Elijah. Los dos se quedaron mirando por un momento, pero él solo empujó la silla y al llegar al despacho arrancó de cuajo el telefonillo, tirándolo con todo y su cable al cesto de la basura.

—Voigh ya no está en esta empresa —le dijo mientras la muchacha se sorprendía visiblemente.

—¿La echaste?

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