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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 68

CAPÍTULO 68. Dile todo

Lynett sentía que el corazón le pesaba demasiado. En cualquier otra circunstancia podría haber pensado que estaba haciendo una locura. Aquel hombre la había lastimado como nadie y aun así se había acostado con él… otra vez. Lo que la gente quizás no podría entender era que en aquel momento estaba tan cansada y tan rota que cualquier cosa buena la habría aceptado, incluso aunque viniera de parte de Elijah.

Se preparó para la indiferencia y la frustración y todas aquellas palabras con las que un hombre intentaba justificar que había cometido un error, pero en el momento en que tocaron a aquella puerta y Elijah abrió los ojos, todo lo que Lynett recibió fue un beso suave en la cabeza.

—Yo me encargo, sigue durmiendo, chiquilla —le susurró con tono bajo y la acurrucó más con el edredón mientras él iba a ver quién demonios estaba llamando tan temprano.

—Lo siento, señor Vanderwood —le dijo una de las chicas de servicio—, pero la policía está en la puerta, dicen que quieren hablar con usted y con su esposa.

Elijah respiró profundo y asintió con resignación, volvió adentro para ponerse algo decente pero trató de no hacer ruido para no molestar a la muchacha. Sin embargo Lynett no podía quedarse tranquila, y trató de hacer su mejor esfuerzo por levantarse. Se puso una playera de Elijah y llamó a una de las chicas de servicio que de inmediato le trajo ropa y le consiguió una silla de ruedas común que había en la casa de reserva.

Lynett respiró hondo antes de rodar hacia el despacho, pero la conversación dentro le encogió el corazón.

—Entiéndalo, señor Vanderwood. Su esposa tiene que declarar —intentaba convencerlo el policía.

—¡Ella ya declaró ayer! Le dio un nombre ¿no es así? ¡Enmanuel Basset! Así que vaya a hacer algo con ese nombre y deje a Lynett tranquila. ¡Esto la está afectando demasiado y no quiero…

—¡Lo comprendo, lo comprendo, señor Vanderwood! ¡Pero necesitamos una declaración firmada por la víctima para poder proceder! —replicó el policía con firmeza, y antes de que Elijah pudiera negarse de nuevo, Lynett tocó a la puerta del despacho y entró.

—Lynett, no hace falta… —empezó a decir Elijah y ella negó.

—Está bien —aseguró la muchacha—. Está bien, Elijah, si hay que declarar entonces se declara. La policía necesita detalles y… —se interrumpió por un momento porque sabía que quizás contar todo lo que estaba pasando era dejar la puerta abierta para futuros rumores, sobre todo en el por qué Enmanuel Basset estaba tan empeñado en silenciarla.

Respiró profundo y trató de contarle al detective los detalles del hecho, de cómo el abogado la había seguido a los archivos, la había golpeado en la cabeza y había despertado atada a una silla y sin la mayoría de su ropa. Y también trató de responder a la mayoría de las interrogantes del policía hasta que una la hizo quedarse callada.

—Comprendo, ahora… ¿puede decirme si conoce algún motivo que pueda tener el abogado Basset para atacarla? ¿Cree que se trate de un rescate o pensaba usarla de alguna otra manera?

Lynett apretó los labios y un solo instante bastó para que Elijah se diera cuenta de qué era lo que la estaba reteniendo. Caminó hacia ella y la levantó en brazos para pasarla a la comodidad del sofá, y luego se sentó a su lado, entrelazando sus dedos con los suyos.

—Dile todo, incluso lo que tiene que ver con la empresa. El detective tiene que entender los motivos de Basset así que dile todo.

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