CAPÍTULO 64. ¡Esa no es ella!
Elijah ni siquiera sabía explicar qué diablos era aquel presentimiento que le oprimía el pecho, pero definitivamente era insoportable.
—¿Cómo que más de una hora? ¿Ella…? Dijo que iba a ir a los Archivos —gruñó porque aunque conocía cada departamento, no estaba seguro de la ubicación de todos—. ¿Eso dónde queda exactamente?
La recepcionista lo miró un poco contrariada pero luego señaló al ascensor.
—Está al nivel del estacionamiento, pero por el otro lado del edificio. Si quiere lo acompaño —se ofreció y Elijah no dudó ni un segundo en aceptar la oferta.
Llegaron allí en cuestión de pocos minutos y Elijah sintió un nudo en la garganta porque era como un enorme almacen controlado por códigos de seguridad, pero tenía cientos de metros cuadrados de corredores oscuros y llenos de cajas de cartón y papeles.
Pero por más que buscaron por todos lados, no había ni un solo rastro de que Lynett estuviera allí.
Elijah sacó su celular pero ni siquiera había conexión allí, así que terminó subiendo un piso para llamar a la única persona en la que confiaba en aquel momento.
—Sebas, necesito que vengas. Necesito que vengas de inmediato a la Transportadora… algo está pasando.
Por supuesto que no había pasado ni media hora desde la llamada hasta que Sebastian atravesó la puerta principal de aquel edificio, pero por más que recorrieron el piso de un lado a otro, o por más que Elijah intentó llamar al teléfono de Lynett, parecía que simplemente se había evaporado.
Estaba a punto de llamar a la policía para hacer la denuncia cuando la recepcionista se acercó a él con expresión nerviosa.
—Señor, hay alguien en la entrada principal… dicen que vienen del departamento de Limpieza y Sanidad de la ciudad y que están preguntando a todas las compañías que ejercen desde este edificio —le dijo apurada—. Creo que debería ver esto.
Elijah frunció el ceño sin comprender, pero la foto que la mujer puso frente a sus ojos lo hizo correr hacia el ascensor en un instante.
Pocos minutos después se encontraba con aquellos hombres, que muy educadamente le explicaron la situación.
—La verdad es que parece un aparato muy caro, y creemos que alguien pudo haberlo extraviado, porque no parece posible que alguien lo dejara tirado a propósito —dijo uno de los hombres adelantando hacia él la silla de Lynett y Elijah sintió que hasta la vista se le empañaba.
—¿Dónde encontraron esto…? ¿Dónde…? —intentó preguntar porque “Limpieza y Sanidad” significaba que aquellos hombres recogían la basura de la ciudad.
—En el callejón trasero, entre los contenedores, pero no sabemos lo que es y estamos preguntando antes de que una cosa valiosa vaya a la prensa y se destroce.
Sebastian intentó llegar a él, pero para ese momento Elijah ya estaba completamente desesperado.
—Es una silla de ruedas, es… especial, robótica y todo eso, y había un a persona sobre ella, debía haber… ¡Dios, debía haber una mujer sentada, en ella, mi mujer…! —Elijah sintió que apenas podía respirar y se volvió hacia su hermano—. Llama a la policía. Llama a la policía, ya. ¡Alguien se llevó a Lynett!
Los trabajadores lo miraron azorados y antes de que pudiera pronunciarse otra palabra, todos corrieron hacia el callejón trasero del edificio, donde habían encontrado la silla, mientras el jefe de los trabajadores y Elijah rezaban por lo mismo.

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