CAPÍTULO 60. ¡Bésame!
Lynett ni siquiera sabía cómo sentirse o cómo interpretar aquella calidez suave que emanaba del cuerpo de Elijah. Si era honesta le dolía. Le dolía que aquella cercanía estuviera ocurriendo después de que la hubiera lastimado tanto, porque ya no estaba en posición de perdonar o de olvidar.
Y aun así por momentos era como si todo el caos que había vivido en las últimas semanas pudiera quedar atrás solo por estar entre los brazos de aquel hombre. Cada músculo de su cuerpo estaba tenso y era peligrosamente consciente del latido de su corazón y de la forma en que su respiración se iba acelerando, así que su primer movimiento fue para alejarse, porque él tenía razón, aunque el animal a veces pudiera parecer un príncipe, ella no podía olvidar lo que realmente era.
—Sí… mañana será mejor —suspiró apoyando la espalda en la pared contraria del jacuzzi mientras él carraspeaba y buscaba nuevamente la forma de volver a sus cinco sentidos.
El cuerpo de Lynett parecía hecho a su medida, perfecto para caber en el círculo de sus brazos, y por mucho que lo negara, aquel parecía el sitio donde últimamente él quería tenerla a toda hora.
Por suerte, fue solo cuestión de pocos minutos que Lynett comenzara a arrugarse como una pasita y Elijah la sacó de la piscina para que su enfermera miope la llevara a acomodarse para la cena. Pero quizás por el dolor o quizás por el cansancio, el sueño de esa noche le llegó a Lynett tan temprano que para la última cucharada ya estaba cabeceando, y Elijah tuvo que pasar el resto de la noche lidiando con sus emociones solo.
Al día siguiente tenían mucho que hacer, y si lo que Lynett le había dicho sobre Angélica Giraldez resultaba ser cierto, entonces tendrían un caso complicado entre manos, así que cada uno se fue a su oficina en medio del mayor silencio.
De cuando en cuando Elijah se levantaba de su escritorio y daba alguna vuelta por el despacho, como si intentara buscar una justificación para ir a ver a Lynett, pero al parecer ella no necesitó ninguna cuando una hora después entró sin tocar y cerró la puerta de un tirón, acercando su silla al escritorio a toda velocidad.
—¿Lynett…? ¿Qué pasa…? ¿Por qué…?
—¡Bésame! —le dijo la muchacha.
—¿Eh? —Elijah abrió los ojos, espantado, pero no tuvo más remedio que correr hacia ella cuando la vio intentar levantarse sola.
—¿Qué haces? ¿Estás loca? —balbuceó pero las manos de Lynett fueron a enredarse en el cabello de su nuca, atrayéndolo hacia sus labios y besándolo con un gesto de posesividad que descontroló a Elijah en un instante.
Su boca era suave y cálida y hambrienta, y su lengua jugaba con la suya como si estuvieran encontrándose por primera vez, reconociéndose por primera vez en medio del deseo.
Y a pesar de cualquier alarma, Elijah no pudo evitar tensarse mientras la rodeaba con sus brazos para estrecharla.
—Lynett…

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