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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 56

CAPÍTULO 56. ¿Te dejas sobornar?

¡¿Irse con él?!

Elijah se detuvo al otro lado de aquella puerta con el corazón acelerado y la mano temblorosa, sin atreverse a tocar en la madera.

¿¡Eso era lo que había hecho el cabrón de McGregor?! ¡¿Pedirle que se fuera con él?!

La bestia herida que había dentro de Elijah Vanderwood estaba a punto me emerger, aun sin derecho a hacerlo, cuando aquella voz suave lo detuvo.

—Porque no sería correcto, Lucy. Yo ya tengo mi médico, no sería ético buscar segundas opiniones —sentenció Lynett con madurez—. Además, el doctor Kelton es el mejor cirujano de traumas de la ciudad. Sería una completa locura buscar otro médico.

Del otro lado se escuchó un suspiro y de alguna forma Elijah supo que no había salido del pecho de su esposa.

—Bueno… pero si fuera yo, le garantizo que me dejaba llevar a otra clínica por ese jefe tan guapo —se sonrió su enfermera.

—Tu jefe también es guapo —replicó Lynett con tono sugerente—, pero eso no lo hace buena persona.

Y no había que ser demasiado listo como para que Elijah supiera que se estaba refiriendo a él. Se alejó despacio, porque no quería que ninguna de las dos supiera que había estado escuchando aquella conversación, pero cuando la enfermera se dispuso a irse a las seis de la tarde, Elijah la estaba esperando con una sonrisa y un cheque de liquidación.

—Me temo que ya puedo prescindir de sus servicios —le dijo con tono gélido y la mujer abrió mucho los ojos, porque aquel era el trabajo mejor pagado que había tenido.

—Pero… pero… ¡ahora es cuando más me necesita la señora Evans! —exclamó al enfermera—. Están terminando de instalar la piscina de fisioterapia, ¿quién va a hacer los ejercicios con ella? ¿Quién la va a ayudar a cambiarse, a bañarse, a…?

Elijah le dirigió una mirada fría y negó.

—No tiene que preocuparse por eso, para resolver esas cuestiones tiene a su esposo —sentenció—. Ya puede retirarse.

La mujer salió de allí sin atreverse a pelear más, y Elijah se quedó pensando en qué demonios iba a hacer con Lynett y una piscina de fisioterapia.

—Necesito otra enfermera —murmuró para sí mismo—. Viejita y cegatona, ¡que lo alcance a mirar a los hombres!

Durante el resto de la tarde noche estuvo encerrado en su despacho, pero dos horas después, cuando ya había oscurecido, por fin decidió que era hora de rendirse. Imprimió un montón de menús y fue a tocar a su puerta hasta que la escuchó mandarlo a pasar.

—¿Alguna vez te has dejado sobornar con comida? —preguntó y Lynett lo miró como si cada vez que lo viera se le cayeran más tornillos.

—¿Sobornar exactamente para qué? —preguntó mientras él se acercaba y le ponía los menús en las manos.

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