CAPÍTULO 55. Quiero algo más
Lynett ni siquiera era capaz de describir aquella mirada, aquella tensión, aquella forma en que los dos seguían compartiendo el mismo espacio, pero finalmente se echó atrás en su silla y desvió los ojos.
—¿Y si revisamos los informes de nuevo? —preguntó pasando saliva y escuchó a Elijah carraspear, levantándose para acercarse a la computadora de su escritorio.
—Claro, claro…
Colocó la memoria USB y revisó todos los archivos que habían descargado. Era una demostración perfecta: entre los reportes de los trabajadores de campo en la transportadora y los informes rendidos por los administrativos había una discrepancia.
—Estaban maquillando los números —murmuró Elijah girando la pantalla hacia ella—. Estaban robándole a tu padre y a ahora tratan de seguir robándonos a nosotros…
—A ti —apuntó Lynett—. Yo ya no tengo nada que ver con esta empresa. —Sus labios se convirtieron en una línea fina de impotencia y Elijah supo cuánto le estaba costando perder la autoridad sobre una empresa que se suponía que fuera suya algún día.
—Todavía es la empresa de tu padre —dijo él de repente, como si una idea se iluminara en su cabeza—. Si quieres… si quieres puedes volver a trabajar aquí. Es evidente que sabes más que nadie sobre esta compañía y yo…
—No. —La respuesta de Lynett fue tan rápida que Elijah se le quedó mirando con preocupación—. Yo ya tengo un trabajo… y la verdad es que no quiero quedarme aquí a ver en campo de batalla en que esto se convierte. Te agradezco el ofrecimiento… pero nada aquí es mío ya.
Las ruedas de su silla giraron un poco atrás y Elijah respiró profundo porque no podía objetar nada a eso. Necesitaba las acciones que le había comprado para mantener la presidencia a toda costa, así que no podía devolvérselas.
Sacó la memoria y se la llevó con él para seguir estudiando los informes, y ninguno de los dos dijo ni una palabra mientras regresaban a la casa en el mayor silencio.
Lynett no opuso resistencia cuando él la levantó en brazos y la depositó en la cama antes de verla otra vez accidentada tratando de hacerlo sola, pero después de dar un par de vueltas por la habitación sin motivo alguno, finalmente decidió despedirse.
La muchacha se dejó caer sobre la almohada mirando al techo y no podía evitarlo, su corazón sentía un dolor plano que no sabía explicar, pero su mente recordaba algo: “Yo ya tengo un trabajo…” Así que al día siguiente, mientras Elijah se marchaba a la oficina porque aquella era una de las pocas cuestiones que no podía resolver desde casa, ella tomó su nuevo teléfono para hacer una llamada.
Realmente esperaba una reacción más precavida, pero solo una hora después de marcar el número de aquel hombre, Kenneth McGregor estaba quemando llantas en la puerta de su casa y Lynett lo veía sonreírle con la misma amabilidad de siempre.
—¡Juro que tengo una indemnización millonaria preparada para ti, pero por Dios no me demandes! —suspiró él inclinándose para darle un beso en la mejilla, y agachándose luego frente a ella.
—Gracias —le respondió Lynett—. Por salvar mi vida. La indemnización no la quiero…
—¿¡Cómo que no!?
—Porque el accidente no fue su culpa, señor McGregor.

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