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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 52

—¡Es horrible, pero no puedo poner esto en una novela! —murmuró Michelle arrastrando las letras, porque para la madrugada y después de dos botellas de vino, ni ella ni Eva veían derecho—. A las lectoras no les gusta que las protagonistas se equivoquen, y hay que ser honestos, la que metió la pata hasta el fondo fui yo.

—¡Ay por favor, tampoco fue tan malo! —rezongó Eva—. Quizás él no se acordaba de nada, ¡pero tampoco le pusiste una pistola en la cabeza para que se enamorara de ti!

—¡Él no se...! —intentó replicar Michelle, pero antes de que pudiera terminar la frase ya Eva le estaba poniendo los ojos en blanco.

—¿En serio vas a tratar de decirme que no se enamoró de ti? ¡Por favor! ¡Créeme que si está tan dolido, ofuscado y ofendido, es porque sus huesitos se están muriendo por los tuyos, de lo contrario le hubiera dado igual que lo engañaras o no!

—¡Bueno, no importa, ya no tiene caso pensar en eso! —murmuró Michelle—. Él está allá lejísimo, con su distinguida y estirada prometida, y yo estoy aquí.

—Y yo estoy contigo, bonita, vamos a salir de esta a la vieja usanza, ¡con un martillo! —declaró Eva y su amiga la miró sin comprenderla.

—¿No era un clavo? —preguntó Michelle.

—Pues mira, hija, es verdad que un clavo puede intentar sacar otro clavo, ¡pero un buen martillo saca lo que sea! —exclamó haciendo un gesto como de que estaba golpeando un puño contra la palma de la otra mano, y a Michelle se le salió lo que quedaba de vino por la nariz de tanta risa.

—¡Bueno, bueno, pasado mañana buscamos el martillo, porque mañana ni tú ni yo vamos a poder caminar dos pasos derechos de tanta borrachera!

—¡Pues tú no vas a poder caminar derecho todavía un par de semanas, señorita coja! —se carcajeó Eva.

—¡Maldición! ¡Con amigas como tú, ¿para qué quiero Ivannas en mi vida!?

Las dos se rieron, pero la verdad era que Eva sabía que su amiga solo estaba tratando de enmascarar toda aquella tristeza. Le gustaba el príncipe, no sabía si mucho o poco pero era evidente que había llegado a enamorarse de él, y no importaba si había cometido un error o no, lo cierto era que eso no se le pasaría en ningún momento cercano.

Al día siguiente por supuesto se levantaron con la peor resaca del mundo, que no les duró solo un día sino dos, y Michelle se puso tan fatal que le duró hasta tres y al cuarto ya le estaba rezando a Diosito, jurándole que jamás iba a volver a beberse una botella de vino completa ella sola.

Una semana después no se sentía mejor, pero no le quedó más remedio que hacer de tripas corazón y subirse a la camioneta cuando uno de los peones de la hacienda vino a buscarla.

Por supuesto lo primero que hizo fue quitarse aquella condenada férula que ya la estaba hartando. Así que prefería pasar un poco de incomodidad que seguir con las muletas.

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