CAPÍTULO 52. Dispuesto a hacer algo malo.
Ese hueco donde debía estar el corazón de Elijah Vanderwood; ese que él mismo creía no tener ya; ese se llenó de golpe y de miedo cuando vio medio cuerpo de Lynett del otro lado de aquella cama.
—¡Chiquilla! —exclamó asustado y corrió hacia ella, solo para verle la cara de molestia y de frustración.
—No es nada, no es nada —rezongó la muchacha, no por contacto que eran aquellas manos levantándola contra el cuerpo de Elijah, sino porque parecía que cada vez se ponía en una posición más vulnerable con él.
—¿Y por qué estás en el suelo? ¿Eso no es nada? —murmuró él con nerviosismo.
—Solo… me caí, estaba tratando de llegar a la cama y perdí el equilibrio, eso es todo.
—¿Y por qué no me llamaste? ¡La cama es alta! ¡No puedes estar haciendo ese esfuerzo! ¡Hay que conseguir una cama más bajita! ¡Y si no me llamas, que es lo que hace la gente normal! ¡¿Por qué no eres una niña normal?! —protestó Elijah levantándola en brazos y sentándola en la cama, y Lynett esperó a que soltara toda su diatriba antes de responderle.
—Porque las niñas normales no voceamos a través de una casa entera.
—¿Quieres que te compre una campanita para que me llames?
—¿Y si mejor uso un silbato? —replicó ella abriéndole los ojos.
—¡Guf, guf! —ladró Elijah entornando los ojos, pero tomó el celular sobre la mesita de noche y se lo mostró—. Si no quieres vocearme está bien, pero tienes cómo llamarme la próxima vez.
Lynett se quedó en silencio y Elijah tardó algunos segundos en darse cuenta de por qué.
—¡Si es que tengo que ser idiota! Te puse cualquier número menos el mío, ¿verdad? —rezongó a medida que iba guardando su propio número de teléfono en el celular de la muchacha.
Luego sonrió todo coqueto y se tomó una foto para guardarla con el contacto, antes de devolvérselo.
—Wow… es una muy buena foto —susurró ella viendo lo sexy que salía en condenado, todo despeinado y coqueto—. ¿Me la puedes imprimir?
—¿La vas a enmarcar para tu habitación? —preguntó Elijah con descaro.
—Para la cocina —respondió ella—. Está perfecta para espantar las cucarachas.
Elijah achicó los ojos con un puchero ofendido, pero un suave suspiro de la muchacha lo devolvió a la realidad y a por qué había ido a buscarla.
Alcanzó los documentos que habían quedado sobre un mueble de la entrada y se acercó a ella, sentándose en el borde de la cama.
—Escucha, sé que ya no tienes relación con la empresa de tu padre y que quizás no quieras ayudarme… pues ahora que lo pienso no tienes ninguna razón para ayudarme, pero…
Lynett apretó los labios al ver aquella expresión contrariada en sus ojos, así que solo alargó la mano y le quitó los papeles.

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