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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 51

CAPÍTULO 51. Un baile de macho texano

No supo por qué, pero cuando aquellos ojos grandes y llenos de incomprensión se giraron hacia él, Elijah tuvo que contener el aliento. Por un instante olvidó por qué estaba allí, que tenía en las manos las acciones que tanto había estado codiciando o, (y esto especialmente), que ya no necesitaba a Lynett Evans para nada.

Se quedó mirando tan fijamente a su boca que hasta se sobresaltó cuando los labios de la muchacha se movieron para formular aquella pregunta.

—¿Otra cosa? —susurró ella y Elijah sonrió por lo bajo.

—Sí, algo que traje. Pero tienes que venir a verlo porque no puedo alcanzártelo hasta acá. Así que arriba… vamos.

Lynett apretó los labios porque lo que menos tenía eran ganas de levantarse. Le dolía horriblemente el pie y sentía la mente aturdida y embotada por todo lo que había sucedido en los últimos días. Sin embargo eso no evitó que Elijah la pusiera de pie, sosteniéndola contra su cuerpo para que mantuviera el equilibrio sobre su pie sano.

—Vamos, y cierra los ojos. Yo te llevo.

—La silla…

—¡No, la silla no, porque en esa tienes que ver adelante! ¡Anda cierra los ojos!

—Pero Elijah…

—¡No me discutas! —rezongó él y Lynett ahogó un grito de sorpresa cuando sintió sus manos debajo de sus nalgas, levantándola hasta hacerla enredar las piernas alrededor de sus caderas—. Ahora cierra los ojos. ¡Anda!

Lynett pasó saliva y obedeció, porque él ya había echado a andar y si no quería irse de bruces al suelo (que obvio no quería), la única solución era cruzas los brazos detrás de su cuello y sostenerse mientras él la llevaba.

Contó los pasos solo por mantener la mente en otra cosa, porque tenía el aliento de Elijah sobre uno de sus hombros y casi podía sentir la expresión risueña de su boca. Que la bajara la hizo contener el aliento, porque no había forma de hacerlo sin que todo su cuerpo rozara con el suyo, y pudo sentir cada músculo tenso en el cuerpo de Elijah mientras le pedía que abriera los ojos.

—¿Qué voy a ver? —susurró Lynett y se mordió el labio inferior cuando Elijah le dio la vuelta entre sus brazos y pegó el pecho a su espalda, abrazándola por detrás para sostenerla.

—Algo que te va a hacer muy feliz —aseguró él y la muchacha abrió los ojos, solo para ahogar un grito de sorpresa, cubriéndose la boca con una mano.

—No puede ser… —susurró mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, por única vez en semanas de alegría y no de dolor.

Frente a ella, perfectamente acomodadas en un librero de madera preciosa, y guardadas en sus exhibidores de acrílica transparente, estaban todas las cajas de música que su padre le había regalado.

—Diecinueve —aseguró Elijah—. Las conté yo mismo. Ahora solo tienes que ordenarlas tú, porque yo no sé cuál te regaló tu padre en cada cumpleaños.

Lynett intentó acercarse a una de ellas, y solo sintió el brazo firme de Elijah en torno a su cintura, acompañándola. Tomó una de las cajitas y le dio la vuelta, mostrándole el fondo. A relieve tenía un hermoso grabado que decía: “Felices 12 años. Papá”

Lynett le dio cuerda y la música suave de Danubio Azul comenzó a sonar.

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