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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 50

LA TRAMPA PERFECTA. CAPÍTULO 50. Un documento que impugnar

Sebastián quería que la tierra se abriera y se lo tragara, porque no había forma de advertirle a nadie en aquella maldit@ casa y que le hicieran caso.

—¡Papá! —exclamó con impotencia y su padre le dirigió aquella mirada sarcástica, esa en la que no necesitaba abrir la boca para que significara: “esta es mi casa y si no te gusta ahí tienes la puerta”.

Pero ese no era el único problema. Sino que Sebastián estaba bastante seguro de por qué su padre le llamaba “princesa” a Michelle, y por un segundo recordó la forma en que ella lo llamaba “príncipe”... Recordar cada inflexión del tono de su voz mientras se lo decía era... ¡Incorrecto, maldit@ fuera, era incorrecto!

—¡Papá, ¿te parece que este es el mejor momento para hablar de esas cosas?! —lo regañó mientras sentía cómo la mano de Ivanna se cerraba sobre uno de sus muslos a modo de gesto furioso.

—¿Y de qué te parecería mejor hablar? —le preguntó su padre encogiéndose de hombros—. ¿De tu próxima boda con Ivanna, quizás?

—Pues no sería un mal tema, señor Vanderwood —sentenció Ivanna levantando la barbilla con un gesto desafiante—. Después de todo, estaba en esta misma casa esperando a casarme con su hijo cuando desapareció. Todo estaba listo ¿no? —increpó mirando a todos en aquella mesa—. Las flores, la música, el lugar ¡hasta el vestido! Y nada de eso ha cambiado, porque estoy bastante segura de que conseguir un servicio de catering para la gente como nosotros es algo extremadamente fácil. Así que sí, ¿por qué no hablamos de nuestra boda Sebastián? ¿Por qué no nos casamos de una vez?

Sebastián habría querido ser mejor para disimular, pero el gesto de sorpresa en su rostro fue tan repentino y evidente que nadie dejó de notarlo.

—Pe… pero ca… ¿casarnos? ¿Ahora mismo? ¿Con todo lo que está pasando...?

—Pues claro que ahora, Sebastián, ¿para qué vamos a seguir esperando? ¿A que tu padre busque alguna otra excusa para alejarme de esta casa?

Y mientras Sebastian intentaba que alguna excusa coherente saliera de su boca, al otro lado de la mesa Ranger no pudo evitar una distinción especial. Dicen que las palabras son el reflejo de nuestro “yo” más peligroso e íntimo, que esas palabras que elegimos inconscientemente son las que realmente nos definen, e Ivanna no había dicho “alejarme de ti”, había dicho “alejarme de esta casa”.

Pero antes de aquella reflexión se solidificara, o antes de que Sebastián terminara de hundirse por sí mismo, ese padre al que a veces quería ahorcar, salió en su ayuda de inmediato.

—Me temo que eso va a tener que esperar, bonita, porque yo no voy a hacer nada, pero Sebastián todavía se tiene que divorciar antes de poder casarse de nuevo —declaró el señor Rufus.

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