LA TRAMPA PERFECTA.CAPÍTULO 49. Separados
—Basta, cálmense los dos —se oyó aquella voz que se notaba tranquila y cansada a un tiempo, pero que tuvo la necesidad de alzarse con fuerza—. ¡Que ya basta, dije! —sentenció Michelle levantándose—. No entiendo ni por qué estamos haciendo esto. ¿Por qué estamos discutiendo? —les preguntó y sus ojos se centraron primero en su abuela—. Lo que hice, hecho está, no puedes deshacerlo. Sí le mentí a Sebastián, sí te mentí a ti. No me daba la gana de casarme con Hughes, y todavía no lo voy a hacer. Si quieren seguir discutiendo por esto, bien por ustedes, pero yo me voy a volver a la cabaña de mi madre a vivir tranquila, que es lo único que quiero.
Intentó dirigirse hacia la puerta, pero el señor Vanderwood le salió al paso.
—Michelle, hija, esto no tiene por qué terminar así... Ya sé que las cosas no salieron como debían, pero tú eres muy valiosa para mí.
—¡Papá, ¿se puede saber qué demonios estás haciendo? —gruñó Sebastián por lo bajo, acercándose—. ¡Ella no es tu maldit@ nuera! Tu nuera es Ivanna y acabas de ofenderla.
—Y es poco para lo que quisiera hacerle —le dijo Rufus con sarcasmo—. Pero tú dame unos días de entrenamiento, y afilo la lengua ¡y vas a ver!
—¡Papá! ¿pero qué te pasa? ¡No puedes hacerme esto, yo soy tu hijo!
—Pues mira, vamos a ser honestos, estás vivo y bien, y es gracias a Michelle. Pero ahora estoy bastante seguro de que vas a hacer una estupidez y te vas a largar de regreso a Nueva York a casarte con la sangrona de Ivanna. Y no me vas a hacer caso a mí. Y no le vas a hacer caso a Ranger. Y no le vas a hacer caso a tus hermanos, ¡porque por alguna extraña razón mis hijos tienen una alta capacidad para ofuscarse y dejar de pensar! ¿O me equivoco?
Sebastián retrocedió con un gesto de viva impotencia y abrió los brazos como si no pudiera comprender lo que su padre le decía.
—¡Es que ese era el maldito plan, papá! ¡Iba a casarme con Ivanna antes de que todo esto pasara! ¿Por qué tengo que cambiarlo, por qué tengo que dejar a mi prometida solo porque todo esto pasó? ¿No te das cuenta de que en todo esto yo no fui el que actúe mal, y la única que salió herida fue Ivanna, no Michelle?
El señor Rufus se giró para replicarle, y Michelle aprovechó aquel instante para terminar de alejarse de allí.
¿Que tenía el corazón roto? Completamente.
¿Que tenía derecho a tener el corazón roto? Indudablemente no.
Así que cualquier reacción, buena, mala, o peor, si quería emborracharse durante semana para olvidarse de lo que estaba pasando o llorar a moco tendido, eso correspondía que lo hiciera sola y en la privacidad de su propia casa.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana