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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 49

CAPÍTULO 49. Un sentimiento extraño

Elijah habría jurado que entre todo lo que sentía por Lynett Evans, el instinto de protección no estaba presente. Pero se habría dado cuenta de que era una absoluta mentira desde el momento en punto en que vio a Florence acercársele con aquella mala intención reflejada en el rostro y su primera reacción fue ponerse delante para impedirle alcanzarla.

Por un momento un recuerdo doloroso lo golpeó. Aquella expresión la había visto antes, en su propia madre, mientras le decían que todo lo que había creído heredar después de asesinar a su padre no existía. Elijah podía casi sentirlo en la piel, como si fuera una energía extraña, pero Florence Evans era la persona más parecida a Adaline Vanderwood que había conocido en su vida.

Así que no pudo evitar reaccionar de la misma forma: con rabia, con asco, como decía Lynett, como un animal.

—¡Quítate que esto es entre mi hija y yo! —escupió la mujer y Elijah se encogió de hombros.

—Dejó de ser tu hija en el momento en que se convirtió en mi esposa —le gruñó—. Para gritarle estoy yo, porque es mía, así que si quieres hablar con ella vas suavizando tu tono.

Florence lo miró con ojos desencajados y luego a Lynett.

—¡Eres una mosca muerta! —ladró furiosa en su dirección—. ¡Esta es la empresa de tu padre! ¡Se suponía que eras inteligente y debías ayudarme a conservarla!

—¿Cómo te ayudó tu amante? —replicó Lynett y aquellas palabras hicieron que Elijah se paralizara y que Florence Evans se pusiera roja como la grana.

—¡Cállate, no sabes de lo que hablas…! —le gritó.

—Sé tan bien de lo que hablo que la única razón por la que no voy le grito a los medios que eres una zorra infiel y mentirosa es porque no quiero empañar la memoria de mi padre —siseó Lynett—. Pero no voy a dejar que destruyas lo que él creó. Me da igual en manos de quién quede esta empresa mientras sobreviva, y tú y yo sabemos que eso no es lo que quieres.

—¡Esta es mi empresa también! ¡Puedo hacer con ella lo que me dé la gana! —gritó Florence al borde de un ataque, porque no podía creer que hubiera pasado tanto tiempo soportando a Frederick solo para luego no poder disponer de todos sus millones.

—Pues parece que ya no —sonrió Elijah con sorna—. Ahora es una accionista más, y puede creerle cuando le digo que no permitiré que esta empresa se venda a destajo. ¡Jamás!

El primer movimiento que Florence hizo en su dirección también fue el último. El abogado que estaba asistiéndolos sostuvo su mano antes de que le diera a Elijah aquella bofetada y un segundo después se la llevaba de allí apresurado antes de que hiciera algo que le costara demasiado caro.

Elijah se quedó muy quieto por un momento, encajando todo aquello. Había sido realmente un mal trago, pero al menos ahora era el presidente de la empresa… al menos hasta que Lynett cambiara de opinión.

“Lynett”, pensó y se dio la vuelta para ver a la muchacha todavía más pálida y temblorosa.

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