CAPÍTULO 48. Necesito que recuerdes una cosa
Muchas eran las emociones que Elijah había visto en el rostro de Lynett desde que la había conocido, pero sin dudas había aprendido a reconocer las malas primero, y aquella lividez en su cara solo era un indicador de que tenía miedo, de que algo estaba pasando… por suerte algo que no tenía que ver con él, porque apenas intentó tocarla la mano de la muchacha se cerró sobre la suya sin soltarlo.
Estaba bastante convencido de que el instinto básico de Lynett era alejarse de él, así que el hecho de que apretara su mano de aquella forma solo podía significar otra cosa: que había alguien allí peor que él.
—Tienes que decirme qué te pasa… —susurró Elijah mirándola a los ojos, pero solo vio aquellas lágrimas que no llegaban a salir.
Pero Lynett no podía hablar. ¿Cómo iba a decirle delante de toda aquella gente que acababa de reconocer la voz del amante de su madre? Sabía que la había escuchado antes en la empresa, y por eso estaba segura de que tenían un enemigo dentro, pero no había imaginado que ese hombre era parte del equipo legal de la empresa. Por eso no lo había reconocido antes, porque no se había codeado con él tanto como con los administrativos financieros, pero había bastado con que abriera la boca para que Lynett recordara su voz.
Por segundos sentía que se ahogaba, y terriblemente, parecía que la mano de Elijah era lo único que la mantenía anclada a la realidad.
—Lynett… —Él intentaba hacerla reaccionar de alguna manera, pero en cierto punto dudaba hasta de que estuviera respirando—. Creo que será mejor posponer esto para otro día —advirtió girándose hacia el resto de los accionistas. Mi esposa no se siente bien, esto trae demasiados recuerdos para ella, mañana…
—¡No! —lo interrumpió Florence con tono molesto—. Estos son negocios, señor Vanderwood, y en los negocios no hay cabida para el sentimentalismo. Si Lynett está demasiado afectada como para tomar una decisión entonces no debería estar en esta mesa.
Elijah frunció el ceño, sin comprender aquella expresión hosca con Lynett, pero de inmediato Florence increpó directamente a su hija.
—Lynett, ¿puedes votar o prefieres que alguien más lo haga por ti? —le preguntó y la muchacha se le quedó mirando con incredulidad, con la rabia y el dolor latiéndole en el pecho a la par del corazón. No podía creerlo, pero así eran las cosas—. Te hice una pregunta —siseó levantando las cejas y Lynett apretó los labios.
—Sí, mamá —respondió—. Estoy bien para votar. —Y lo siguiente que sintió fue la mano de Elijah escurriéndose poco a poco entre las suyas, como si pudiera prever lo que ella haría, lo que estaba a punto de pasar.
Otro de los abogados colocó delante de ellos una enorme pizarra para las votaciones, con un nombre a cada lado, y cada uno de los pequeños accionistas comenzaron a votar.
La mayoría se inclinaron por la persona conocida, así que Florence, a pesar de su completa ignorancia de la empresa, se sentía muy satisfecha. Otros por el contrario, eligieron a Elijah porque confiaban más en su competencia como hombre de negocios, y en que había mantenido la empresa estable en el tiempo que había pasado desde el fallecimiento de Frederick.
Sin embargo Lynett sabía muy bien lo que iba a suceder, porque su padre había previsto que siempre residiera en ella la decisión final, y su pequeña cantidad de acciones era la que podía inclinarse hacia un lado o hacia el otro. Así que en cierto punto todos se volvieron hacia ella para ver si elegiría a su madre o a su esposo.

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